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El currículum oculto

El panorama que en la actualidad nos presenta el ámbito educativo, con las consecuencias de rezago históricas marcadas por las condiciones que generó la reciente pandemia causada por covid-19, requiere docentes no sólo preparados/as, sino conscientes de la gran responsabilidad de su labor, además de informados y comprometidos/as con la sociedad. Por ello, considero conveniente abordar ahora un tema que transforma el actuar de todo y toda docente, pues nos clarifica lo mucho que nuestro comportamiento —dentro y fuera del aula— influye en el alumnado: el currículum oculto, también denominado implícito, latente y no intencional, debido a que, aún cuando no aparece escrito, tiene gran influencia tanto dentro del aula, como en la vida escolar en general.

Quienes integramos un colectivo escolar podemos reflexionar que, frente al currículum explícito que se desarrolla en toda escuela, existe otro de carácter oculto, que actúa de manera eficaz en el proceso de aprendizaje de los alumnos y alumnas. Los y las docentes aprendemos concepciones, actitudes y formas de comportamiento, por lo que podríamos definir al currículum oculto como el conjunto de normas, costumbres, creencias, lenguajes y símbolos que se manifiestan en la estructura y el funcionamiento de una institución —con base en las aportaciones de diversos autores/as—. Sin pretenderlo de manera reconocida, el currículum oculto constituye una fuente de aprendizajes para todas las personas que integran la organización.

Los aprendizajes que se derivan de este peculiar mecanismo afectan no sólo al alumnado, sino también, y de manera especial, a los y las docentes: “Todo centro escolar es una organización peculiar con una cultura moral propia, en el sentido de que provee a sus miembros de un marco referencial para interpretar y actuar, como conjunto de significados compartidos por los miembros, que va a determinar los valores cívicos y morales que aprenden los alumnos y alumnas”, según Bolívar.

Si partimos de que socializar es tratar de incorporar a las personas a la cultura en la que han de vivir, en la que tienen que trabajar, en la que tienen que relacionarse, es también importante comprender que esa cultura tiene unas normas, unas costumbres, unas creencias, un conjunto significados compartidos… y educar es algo diferente y más complejo: el o la que educa, ayuda al individuo a incorporarse a una cultura, pero de manera crítica y comprometida. Entonces, ayuda a determinar qué es lo bueno y lo malo de la cultura, instando a aceptar lo moralmente bueno y a combatir lo que resulta inadmisible. Por ende, el currículum oculto actúa en las áreas de los valores, las conductas y las cualidades personales, y la importancia de los valores radica en la posibilidad que docentes y estudiantes tienen de replantear, analizar y discutir libremente concepciones ideológicas, modos de ver la realidad e interpretarla, a fin de construir gradualmente un marco mental propio que contribuya a una autonomía política y moral, es decir, una ética. Se refiere a la omisión y olvido de los distintos ámbitos de la realidad que son clave en la formación y compromiso de los y las estudiantes.

El o la docente, ante un grupo de alumnos y alumnas, imparte simultáneamente muchas lecciones (no sólo de su materia): de sensibilidad, de respeto, de lenguaje, de compostura, de atención al desfavorecido… o de todo lo contrario. A través del currículum oculto se transmiten, por ejemplo, los estereotipos de género, así como se transmite una concepción del poder, más cercana al privilegio que al servicio. Como docentes, asumimos una gran responsabilidad no sólo en la transmisión y construcción de conocimientos, sino en la formación de la futura ciudadanía, por lo que resulta indispensable dotar a nuestro alumnado de herramientas que les permitan eliminar los estereotipos y roles sociales que alimentan la desigualdad entre hombres y mujeres, pero eso demanda que las y los docentes contemos con dichas herramientas. En ese sentido, la Secretaría de Educación Pública ha realizado un trabajo muy importante que contempla un modelo educativo humanista, inclusivo, sensible y que aprecia la diversidad. Pese a lo anterior, sin la vocación, convicción y pasión por la docencia de quienes tenemos la oportunidad de incidir en la formación de nuevas generaciones, será imposible modificar lo que transmitimos a través del currículum oculto, y pese a cambios normativos, institucionales, estructurales y de contenido en enfoques y planes y programas de estudio, nuestro implícito actuar determinará si se cumplen los objetivos planteados —siempre en beneficio de nuestro alumnado y sus familias—, o bien, si existen grandes posibilidades de obtener los resultados de siempre.

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