En mi artículo anterior escribí sobre el feminismo popular, empero, no podríamos entenderlo sin teoría. En consecuencia, hoy escribo sobre la teoría feminista, en particular los aportes de Judith Butler. Y es que ahora podemos afirmar que no hay una ciencia social en la que los estudios de género no tengan injerencia, ya que las teorías feministas se han extendido a todos los campos teóricos y disciplinas, como la filosofía, la ciencia política, la antropología, la sociología, la economía y hasta la crítica literaria. La teoría feminista trata de analizar y explicar cómo se han generado las prácticas de desigualdad para desarrollar políticas de género.
Estas relaciones de desigualdad son producto de relaciones de poder, es decir, de relaciones en donde prevalece lo masculino sobre lo femenino. Estos planteamientos los hemos denominado estudios de género, como un campo interdisciplinario en el que la categoría central es el género. Este último podríamos entenderlo como categoría y concepto, ya que nos permite comprender que los roles femeninos y masculinos son construidos y eso conlleva ciertos comportamientos y atributos que se consideran apropiados para unas y otros. Como categoría, nos permite describir y clasificar dichos comportamientos, de tal manera que nuestro análisis siempre involucra estas dos acepciones.
Las teorías feministas han construido marcos teóricos para dar cuenta de esta categoría y concepto, y hoy planteo los aportes que realiza Butler sobre el performance de género y cómo este se actúa a través de los actos del habla, a través de los cuales se comunican los roles de género. El performance se utiliza en las artes escénicas para designar la acción de actuar. Butler utiliza esta palabra para mostrar cómo al actuar los roles de género se realiza una puesta en escena, es decir, cuando actuamos como mujeres u hombres, ponemos en escena lo que consideramos ese ser mujer y cumplimos con esa expectativa de lo que se espera de nosotr@s.
En el texto Actos performativos y constitución del género explica que los actos del habla son los que permiten el vínculo moral entre hablantes, es decir, el habla se convierte en la forma en cómo nos comunicamos y nos entendemos; según la autora, la realidad social se construye a través del lenguaje.
En ese sentido, nombrarse mujer u hombre es hacerse mujer u hombre y este hacerse se elabora de manera constante, de tal manera que el género no es una identidad estable, sino que se construye en el tiempo, y se convierte en una repetición estilizada de actos que determinan qué es una mujer y un hombre.
Esta repetición estilizada se realiza a través de los actos, gestos, movimientos y normas, que constituyen —de acuerdo con Butler— un “yo generalizado”: ser mujer, es a través de los actos que realiza, que cree se corresponden con su identidad de género, de tal manera que a eso se le denomina el performance de género, sin embargo, esa identidad que se pone en operación es una ilusión, que la sanción social y el tabú compelen a dar. Se espera un comportamiento “aceptable” a ese rol destinado, porque si no, se es sancionada, pero al mismo tiempo ahí radica la posibilidad de cuestionar su estatuto cosificado.
Dice Butler que ser mujer es haberse vuelto una mujer, es decir, obligar al cuerpo a conformarse con una idea histórica de “mujer”, a inducir al cuerpo a volverse un signo cultural, por ello, el género es una representación que tiene consecuencias punitivas, que humaniza a los individuos y quien no hace bien su distinción, es sancionado. Para ello se requiere del consentimiento colectivo tácito de representar, tiene sentido porque el performance requiere de público para producir y sustentar esa ficción cultural de la división de género diferente y polarizada: hombres vs mujeres, en donde dicha división queda obscurecida porque la credibilidad que se le otorga a la puesta en escena parece real, porque se actúa el propio género conforme a lo que se espera.
Sin embargo, no existen actos de género verdaderos o falsos, reales o distorsionados, sino actos que construyen la ficción social, porque actuar mal el propio género, puede generar un conjunto de castigos a la vez obvios e indirectos y representar bien ese performance de género, otorga la confirmación del mismo, ya que se cumple con el libreto.
Es importante reconocer que el género no está pasivamente inscrito en el cuerpo y tampoco está determinado por la naturaleza, sino que es lo que un@ asume invariablemente con ansiedad y placer, en el que siempre nos cuestionamos si lo estamos haciendo bien o mal. Por ello, tendremos que ampliar el campo cultural con performances subversivos, porque la repetición, la ruptura o la repetición subversiva, también permite transformar ese hacerse de género.
Este posicionamiento teórico de Judith Butler es una de las muchas teorías feministas que cuestionan la normatividad de género y que propone transformar esos performances que nos atan a posiciones subordinadas, destinadas a hacer valer la heteronormatividad y el heterosexismo. Estoy segura de que seremos capaces de construir alternativas no binarias de identidad, en donde cada vez importe menos la división sexual como acto normativo.
Butler aporta ese cuestionamiento a la no heteronormatividad, de ahí que sea posible reconocer —cada día más— las sexualidades diversas en los contextos políticos, sociales y culturales. Estudiar el género involucra la teoría y la investigación empírica, así como las políticas que afectan nuestras vidas cotidianas.
Hasta hace muy poco tiempo no se reconocían sexualidades fuera de la norma heteropatriarcal. Al integrar en el debate teórico la palabra queer, se desestabilizan las sexualidades binarias y la clasificación de identidades mujeres/hombres. Esta posición teórica, en la práctica se reivindica como un acto revolucionario. Los avances en esta materia se explican por qué tenemos un movimiento que reivindica su derecho a vivir sin etiquetas, lo que ha permitido que les diverses se integren a la representación política, la cultura, la educación entre muchos otros campos y que se hayan realizado cambios en los registros en las actas de nacimiento para eliminar el binarismo.
Los efectos y contradicciones de un mundo construido desde la masculinidad dominante y la imposición de roles de género binarios, no sólo ha causado la muerte de much@s compañer@s, sino también efectos negativos de exclusión y discriminación. Hoy, el reto es cómo desafiamos con prácticas subversivas al performance que mantiene esas desigualdades. Por ello, son muy importantes los movimientos que demandan igualdad en toda la diversidad sexual e identitaria y esa también es la potencia feminista que teoriza y va a la práctica para generar nuevos tratos personales y sociales, por esto, también es político.




