En esta era de la transformación, se ha reivindicado la idea feminista «Primero las pobres.» La 4T es humanista y tiene un potencial inmenso para reconocer que no todas las mujeres tenemos las mismas oportunidades. Y es, por supuesto, humanista, porque se entiende como una actitud que concibe los valores humanos en la que las personas le dan sentido a su vida desde una visión antropocentrista, que destaca las capacidades humanas, además de fomentar el espíritu crítico y valora equitativo.
Por supuesto, nuestro referente feminista es Olimpia de Gouges, quien en 1791 hizo pública la Declaración de los Derechos de la Mujer y la Ciudadana, y desde hace más de 200 años, seguimos defendiendo los derechos de las mujeres y debatimos desde distintos espacios sus derechos sociales, jurídicos y políticos.
Podría decir que se ha tratado de enfrentar y confrontar dos visiones: la feminista y la femenina, como paradigmas que ratifican la idea que las feministas están en contra de la familia, de tener hijos o incluso compromisos de pareja. Lo cierto es que todas las personas nos desarrollamos en una o varias familias y en ellas desarrollamos capacidades tanto colectivas como individuales. Es también en ellas en donde encontramos sentido a los proyectos personales y profesionales y aprendemos el sentido de la libertad, la independencia y el amor. Asimismo, en ambientes familiares aprendemos a ser personas y desarrollamos el cooperativismo, la solidaridad y la reciprocidad.
Además, debemos resignificar lo “femenino” para alejarnos de prácticas corporales plásticas, objetuales, que potencian la hipersexualización para buscar la aprobación de la mirada masculina. Lo único que esto hace es mantener la división tajante en donde las mujeres se confrontan de manera individualista. Por ende, pensar en el feminismo humanista podría tener como eje aspirar a una realización personal que no implique renunciar a los proyectos de vida, y poner en el centro la superación de los roles y estereotipos que nos han dividido y que perpetúan prácticas desiguales y discriminatorias.
La igualdad de derechos deberá pasar por el desarrollo humano y personal, y por comprender cómo se mantienen prácticas desiguales que perpetúan que muchas mujeres permanezcan en condiciones de desigualdad, con menores niveles educativos y con menos oportunidades de transformar su realidad. Alejarnos de prácticas corporales que potencian un “femenino” opresor, así como de feminismos autocondescendientes y, en ocasiones, excluyentes.
Que estas fechas sirvan para seguir cuestionando el uso del lenguaje, la eliminación sexista en los juguetes y apuntale la Transformación de los imaginarios sociales no opresivos. No recuerdo en que texto leí, que el humanismo feminista urge a «construir una familia con padre y una cultura con madre» y alejarnos de esa división entre cultura y naturaleza que nos ha dividido como sujetos y como humanidad.
El segundo piso de la 4T podría reenfocarse en la transformación de la vida pública y privada, en garantizar y darle sentido a la frase «Primero las pobres» para que sean tomadas en cuenta, que hagamos cotidianos los feminismos como una lucha contra todas las desigualdades y que. en estas fechas, reflexionemos para que un humanismo feminista sea una realidad y una aspiración de igualdad, no discriminación y de reconocimiento.




