La gran apuesta de Samuel García fue mostrar al “nuevo Nuevo León” durante el mundial de la FIFA 2026. Él mismo lo dijo, frente a la presidenta Sheinbaum: la inversión que realiza su gobierno para este evento deportivo es su “legado” para “lo que hemos llamado, el nuevo Nuevo León”. Es decir, la inversión para recibir a cientos de visitantes debe ser inversión social y de largo plazo para el disfrute de la población.
Más allá de que no logro entender los alcances de semejante eslogan -su “nuevo” no es más que las mismas prácticas, ahora con gente joven que sabe usar bien las redes sociales- la realidad está a punto de golpearle en la cara al gobernador y a una población esperanzada de tener un mejor trasporte público y más espacios recreativos.
Las promesas de García para el mundial 2026 son diversas, pero vale la pena destacar las siguientes: i) construcción de 36 kilómetros de metro (originalmente eran 41); ii) modernización de la L1 de Metrorrey; y iii) integración de 4 mil nuevos camiones eco-amigables con internet y aire acondicionado, comodidades necesarias considerando que las personas pasan en promedio 2.5 horas al día en traslados.
A 10 semanas del mundial, la construcción de las L4 y L6 de Metrorrey no está ni cerca de concluirse. Han pasado meses sin que exista un avance significativo en la obra y, por el contrario, es común ver campamentos de construcción vacíos a lo largo de ésta. No sé si es falta de experiencia o la flagrante intención de García de mentirle a la población, pues obras similares demoran al menos 4 años. Mi predicción es que estas serán inauguradas hasta la próxima administración, así que, bien por Morena, dado que es evidente su triunfo en el estado.
Sobre la modernización de la L1, si bien es positiva la renovación de vagones, éstos resultan insuficientes ante la alta demanda de esta línea que es utilizada por la clase trabajadora y miles de estudiantes que se desplazan a alguno de los campus de la Universidad Autónoma de Nuevo León (UANL) o a otras de las universidades que están en el centro de la ciudad.
Respecto a la renovación de los camiones, es difícil saber cuántas unidades realmente han llegado a Nuevo León -las cifras oficiales son imprecisas- lo que sí es medible son las extensas filas para abordar las unidades, las cuales van repletas, cosa que antes no sucedía en la ciudad, que nunca se ha distinguido por tener un buen trasporte público, pero, al menos, tenía más frecuencias. Eso sí, la tarifa pasó de 15 a 17 pesos, en una ciudad que la mayoría de las personas toman más de un camión. Recientemente, el Instituto de Movilidad y Accesibilidad de Nuevo León coqueteó con la idea de escuchar la demanda de los trasportistas y hacer que ésta alcance los 24 pesos.
¿Qué van a encontrar las y los visitantes que disfrutarán de un abrasador calor de más de 40 grados en junio? De entrada, un aeropuerto a medio remodelar, obras inconclusas, caos vial, largas filas en el trasporte y un Fan Fest que conecta el Parque Fundidora con el Estadio BBVA mediante un corredor verde con árboles a medio morir sembrados por Reforestación Extrema, o bueno, por alguna de las empresas fantasma contratadas por esta organización; y un Parque del Agua inconcluso, por lo que tendrán que sortear varillas y maquinaria de construcción.
Pese a que aún falta ver los resultados finales, el “legado” para la ciudadanía no parece ser latente. De acuerdo con la encuesta Así vamos 2025 del Consejo Cívico, 42.4% de la población opina que el gobierno actual no ha hecho mejoras en el trasporte público, el 63% cree que la tarifa del trasporte es “alta” o “muy alta” y el tiempo promedio de espera de una unidad pasó de 21 minutos en 2021 a 32 en 2025.
Parece ser que el legado prometido será otro: Menos unidades de trasporte público, mayores tarifas y, eso sí, un aumento preocupante de la deuda pública que reducirá de acción en la próxima administración.




