Este 1 de septiembre inicia funciones un nuevo Poder Judicial de la Federación, nacido no de un dedazo ni de un “zedillazo”, sino de la voluntad ciudadana expresada en las urnas. La historia cambió, por primera vez, las y los ministros de la Suprema Corte de Justicia de la Nación llegan por elecciones democráticas, llevando consigo el mandato popular de acercar la justicia al Pueblo.
El nuevo presidente de la Corte, Hugo Aguilar Ortiz, lo ha dicho con claridad, “honramos la voz de los pueblos y la fuerza de nuestra diversidad”. Con esas palabras, señala el rumbo de un tribunal que se sabe obligado a recuperar la confianza ciudadana y a garantizar que cada sector social encuentre justicia real y accesible. Aguilar Ortiz nos recuerda que la defensa de los pueblos originarios ha sido guía y motor de esta reforma, vinculada a la transformación histórica del artículo 2º Constitucional que reconoce los derechos de indígenas y afromexicanos.
Claudia Sheinbaum y Andrés Manuel López Obrador también coincidieron en que el país necesitaba un nuevo Poder Judicial, cercano y con legitimidad popular. Ese momento ha llegado. México abre así un capítulo inédito, el de una justicia profundamente democrática y cercana a la gente.
Y a los extraterrestres, primero investiguen, después opinan.



