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El orgullo, un festejo que busca la inclusión

postal PP horizontal Ailett Cayetano (1)

Ya andamos a mitad de junio, momento en el que podemos advertir banderas arcoíris ondeando por plazas concurridas e instituciones, y a la agenda pública secundando el hecho, a través de eventos y campañas de inclusión; así como el apoyo a quienes salen a las calles a celebrar el “Orgullo”. Sin embargo, ¿qué hay más allá del colorido y la conmemoración? Este mes representa un espejo que refleja claramente la sociedad que somos y qué tan comprometidos o no, estamos con la diversidad, pero sobre todo con respetarla.

Algunos países, celebran la fecha desde: la comodidad en la que vive su sector LGBTTTIG+ (aunque no todo el mundo goza dicho anhelo), el consumismo o la aprobación social. Sin importar –de momento- la postura que tiene cada nación, es claro que hay una historia detrás de esta lucha; pues no olvidemos que el derecho que hoy se festeja, a finales de la década de los 60´s, fue una revuelta contra la violencia policial y la discriminación sistémica.

Siempre me gusta evocar los orígenes, y el de este tema, se remonta a junio de 1969, en virtud del levantamiento de Stonewall, ocurrido en Nueva York. El término «orgullo» se atribuye a Brenda Howard «Madre del Orgullo», quien fue activista bisexual organizadora del primer desfile multicolor.

Los medios describieron tal acontecimiento como “la chispa en una generación ansiosa por vivir de manera auténtica y libre de represión”. Aunque, en la vida cotidiana, tristemente se observa que la ardua tarea de las comunidades LGBTTTIG+, es seguirse enfrentado contra la discriminación, añorando la aceptación.

Como toda lucha, ésta, a la fecha, pone en evidencia que solo un minúsculo porcentaje del “colectivo arcoíris” de verdad pudo acceder al reconocimiento y, por el contrario, la gran mayoría, siguen enfrentando violencia, precariedad o exclusión. Tal vez, lo que se nos muestra no es el objeto del “festejo” en sí, sino qué tanto evitamos mirar.

En México, ha habido positivos cambios acelerados, en infinidad de sectores, gestándose ya, beneficios; las políticas públicas inclusivas avanzan, pero quizá lentamente por cuanto a los grupos minoritarios y su goce pleno de derechos se refiere. Desafortunadamente, el velo negro de esta lucha de derechos, son los crímenes de odio, que siguen siendo recurrentes.

Un caso sumamente mediatizado fue el de Jesús Ociel Baena Saucedo, magistrade del Tribunal Electoral del Estado de Aguascalientes, quien fue encontrado sin vida dentro de su vivienda un 13 de noviembre de 2023. Y, si bien toda pérdida de vida es dolorosa, recapitulo esta historia, pues tal personaje fue la primera persona no binaria en obtener un cargo de magistratura en el país y en América Latina. También, el mismo día que se celebra el Día Internacional de la Lucha Contra la Homofobia, Bifobia y Transfobia, Ociel Baena recibió su pasaporte, siendo el primero en asentar una identidad de género, tal como la persona solicitante se identifica; marcando un precedente de documento oficial que respeta el derecho humano al nombre y a la identidad.

El papel de Le Magistrade, trasciende en nuestro país, ya que nunca se rindió ante las críticas sociales, judiciales o la propia burocracia. Empero, lamentablemente, gran parte de su vida estuvo rodeada de ofensas, cuestionamientos sobre sus elecciones y decisiones, y después de una muerte violenta, criticado por cómo decidió vivir. Con ello, es claro, que las personas de esta comunidad no han alcanzado plena libertad, y no sé, si felicidad.

Me cuestiono, porqué los seres humanos aun, no vemos el mundo exterior tal y cómo es, más bien preconcebimos imágenes mentales, o estereotipos, en los cuales nos basamos para darle significado a ese mundo viviencial. Lo que se encuentra profundamente arraigado en nuestro subconsciente.

Vivimos impregnad@s de estereotipos de género, con el solo hecho de decir hombre o mujer, la sociedad crea patrones de conducta y concepción, que evidentemente desencadenará discriminación. Así que, no solo los contextos personales intervienen en esta forma de aislamiento, sino que cada persona con su experiencia personal, comportamientos, factores situacionales (como empleo o familia) o generales (como nuestra cultura, religión o clase socioeconómica), permite que internalicemos de mejor a peor manera un estereotipo.[1]

Junio nos recuerda que la diversidad auténtica, no siempre es cómoda ni rentable, y que el verdadero reto social -más allá de las fechas y simbolismos- está en comprometernos con el respeto. Como personas debemos fomentar la inclusión desde casa y en cada ámbito al que vayamos. Cierro con este cliché “amor es amor”.

[1] Cook y Cusak. Estereotipos de Género, perspectivas legales transnacionales. 2009.

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