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El penacho de Moctezuma no se olvida

En el siglo XVI, Hernán Cortés —invasor del imperio mexica—envió a Europa para el Rey Carlos I de España (Carlos V de Alemania) más de 200 objetos prehispánicos, entre ellos penachos de aves prehispánicas, entre los que destacaba el penacho de Moctezuma. En el ideario popular se piensa que perteneció al último emperador mexica, aunque en realidad no se tiene un dato histórico o científico que compruebe su uso o pertenencia. De cualquier forma, el penacho mexicano, como lo han llamado en Europa, sí data de hace más de 500 años; está elaborado de plumas de quetzales y otras aves endémicas de Mesoamérica y tiene incrustaciones de metales, entre ellos oro.

Este objeto, patrimonio de México, ha sido la discordia entre la relación de nuestro país con Austria en los últimos años, país europeo que lo tiene desde el siglo diecinueve. La valiosa joya prehispánica, que en un principio fue llamado “tocado o estandarte morisco” —es decir era atribuido a los moros (musulmanes de África oriental) desconociendo su verdadero origen por varios siglos— se encontraba en el inventario de la Colección del Archiduque Fernando II de Habsburgo. Tal vez esto último, tiene algo que ver con que este miembro de la monarquía y Carlos V hayan sido primos, probablemente fue el resultado de una venta o de un regalo. Lo bochornoso del asunto es que los austríacos no tienen ni idea de cómo llegó el famoso penacho de Moctezuma a sus gélidas tierras.

Durante la etapa moderna de México, gobernantes, diplomáticos y especialistas han solicitado formalmente al gobierno de Austria la devolución de esta divina pieza, sin embargo, los europeos se han negado bajo varios argumentos, siendo el más recurrido que la pieza fue adquirida legítimamente, ya que Moctezuma le regaló ese penacho a Cortés y este a su vez a Carlos V, sin que esto tenga una base científica.

El Presidente Andrés Manuel López Obrador en 2020 solicitó formalmente —por medio de su esposa, la Dra. Beatriz Gutiérrez Müller en su gira por Europa— al presidente de Austria la devolución del famoso penacho o que por lo menos se prestara para una exposición en 2021 para la emblemático aniversario 200 de la independencia de México, 500 de la “conquista española” y 700 de la fundación de Tenochtitlán. Nuestro presidente indicó: “Por estos acontecimientos, queremos mostrar a los mexicanos la grandeza cultural de nuestro pueblo que, por los intereses de quienes nos invadieron y colonizaron, fue distorsionada”. Por supuesto, dicha solicitud fue negada por el país europeo argumentando que dicha pieza no podía viajar, puesto que podría ser destruida en el trayecto.

Los mexicanos nos hemos tenido que conformar, durante décadas, con la réplica que se encuentra en el Museo de Antropología e Historia en la Ciudad de México, y los viajeros mexicanos que llegaban hasta Austria se podían consolar con llegar al Museo Etnográfico de Viena, enseñando el pasaporte mexicano, para entrar gratuitamente y ver el penacho atribuible al gran emperador mexica.

Sin premio de consolación

Desde el primero de enero de 2023, los viajeros mexicanos se encontraron con la infame noticia de que ya no podían entrar gratuitamente a ver la gran pieza histórica, que ayuda a imaginar el arte que podían crear con sus manos y la gran riqueza de nuestros antepasados. La única explicación que se ha dado hasta el día de hoy es que los mexicanos tienen que pagar 19 euros para entrar al mencionado museo y ver una pieza que es patrimonio de los mexicanos, con la simple razón de que el patrocinador de los mexicanos “había dejado de pagar el subsidio”, cuando durante años se sabía que era un acuerdo entre ambas naciones lo que evitaba el pago, no un “patrocinador fantasma”.

¿Será una venganza de Austria por la solicitud, llena de dignidad, de nuestro Presidente? Eso solo lo sabremos si la cancillería envía alguna aclaración al respecto al gobierno austriaco, que bien podría comenzar por devolver todas las piezas prehispánicas de los actuales estados de Oaxaca, Tlaxcala, Chiapas, Hidalgo y otros que tiene en las repisas de sus museos y no corren riesgos por el traslado.

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