Este 26 de febrero, la derecha y el conservadurismo marcharon contra un enemigo imaginario. Bajo la consigna “El INE no se toca”, los operadores del viejo régimen articularon un evento en el Zócalo que vale la pena analizar.
Como siempre, la oposición convocó a base de mentiras. Algunas de las más descabelladas fueron: la desaparición de la credencial para votar, la eliminación de las elecciones o la reelección del Presidente. Hay decenas de entrevistas en distintos medios donde se puede apreciar a gente replicando estas y otras falsedades. Esto sin contar las muchísimas personas que no sabían a qué iban, algunos obligados por sus patrones y otros acarreados. No hace falta decir que ninguna de esas tonterías es cierta. La reforma electoral tiene como objetivo que las votaciones sean más sencillas, económicas y transparentes. Sin lugar a dudas, la derecha tiene derecho a oponerse a la reforma. Lo que no es justo es que utilicen el engaño para convencer a quienes, de otra forma, no estarían de acuerdo con ellos.
Lo más cercano a un argumento válido que escuchamos fue que el recorte al presupuesto era riesgoso, ya que podría facilitar fraudes electorales. Más allá de la clara hipocresía de marchar junto a personajes como Elba Esther Gordillo, Roberto Madrazo, Alito Moreno, Javier Lozano, Jesús Zambrano y Claudio X González, entre muchos otros que fueron cómplices de los peores fraudes electorales en la historia de México; la crítica parecería razonable. Sin embargo, esta no es la primera vez que se hace un recorte a la burocracia. Andrés Manuel nos ha demostrado que la austeridad en la Cámara de Diputados, la Cámara de Senadores y en el Gobierno Federal no pone en riesgo las instituciones, además de que aumenta la disponibilidad del dinero para apoyar a las y los mexicanos. El INE es uno de los órganos electorales más caros del mundo. No hace falta decir que, a día de hoy, buena parte de ese dinero se va en salarios que superan el salario del Presidente.
Lo cierto es que la marcha del domingo fue, en realidad, una marcha en contra de Andrés Manuel. Pero no podían convocar con ese discurso. ¿Por qué? ¿Por qué no ser honestos? Creo que hay dos motivos principales. Primero, hay poco de qué quejarse; como en todo gobierno, hay áreas de oportunidad y temas pendientes; no obstante, no hay nada trascendente que se le pueda señalar al Presidente; la Cuarta Transformación va tan bien y, en comparación con los desastrosos gobiernos neoliberales, ha sido tan buena, que poco se le puede criticar. Segundo, las posturas del conservadurismo son profundamente impopulares; privatizar la vida pública, desaparecer apoyos gubernamentales, dar más a los que todo tienen; ¿Quién va a marchar en contra de la cultura de la paz? ¿Quién va a marchar a favor del intervencionismo estadounidense? ¿Quién va a marchar en contra de la separación del poder económico del poder político? El pueblo mexicano es de izquierda, y esto lo saben bien.
Lo anterior nos lleva al siguiente punto: El PRIAN y la élite económica fueron los principales promotores de la marcha, y eso es decir poco. En Álvaro Obregón, por ejemplo, no pudo ser más claro. La Alcaldesa Lía Limón utilizó estructuras de gobierno para movilizar a ciudadanos cautivos de los peores operadores políticos de la demarcación. Este ejemplo se repitió en toda la ciudad, y a todas luces fue evidente que el evento fue un mitin maquillado de la coalición opositora. Están desesperados por pretextos para acuerpar y regresar al poder, pero su discurso añejo ha sido estéril. Por poner un ejemplo, en la última encuesta del Universal, la intención de voto para 2024 muestra una clara ventaja de Morena (41%) sobre el PAN y el PRI (14% y 13%, respectivamente). Y en casi todas las encuestas, la aprobación de Andrés Manuel está entre el 60 y el 70%.
La identidad política de la derecha está en crisis. Saben que su proyecto de nación está rebasado por la Historia. Quieren regresar a los privilegios, al saqueo y al terrorismo de Estado: digamos las cosas como son. Pero saben que nadie, más allá de quienes se han beneficiado de la miseria y la muerte, quiere eso para el país. Nada lo deja más claro que la rabiosa reacción que les causó ver la enorme manta de Genaro García Luna, el narcotraficante que, desde el puesto más alto de seguridad nacional, llenó los bolsillos de Felipe Calderón, así como los de muchos de los asistentes y promotores de la marcha.
Al final, la mayor lección que la izquierda debe tomar de la marcha es que, aunque el conservadurismo esté débil y destrozado, el odio y el miedo son poderosas herramientas capaces de cegar a cualquier persona. No podemos bajar la guardia. Las bestias, cuando están arrinconadas, son las más peligrosas.




