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El poder de los Concejales

En 2018, muchos tuvimos la fortuna de ser la primera generación de Concejales, una nueva figura que, en ese entonces, estaba enfocada en la representación de colonias específicas ante la Alcaldía y frente a la poderosa figura de un alcalde o alcaldesa.

Fueron incluidos en la Ley Orgánica de Alcaldías, donde se regulan sus facultades, así como el funcionamiento del Concejo como órgano colegiado. Sin embargo, por cómo está escrita la ley, un concejal por sí mismo no tiene capacidad de acción, ni de supervisión, ni de evaluación, ni de nada que le sea útil a la ciudadanía en términos de verificar lo que hace o no un alcalde. Por ello, el objetivo original para el que fue creado el Concejo —ser un contrapeso— no se cumplirá jamás mientras la ley permanezca como está.

Cuando fui Concejala, fui oposición al 100% y, sin embargo, mantuve un diálogo permanente para contribuir en las causas en las que podía aportar. De igual forma, intenté solicitar continuamente información interna a las direcciones generales, pero esta, siempre me fue negada, precisamente porque, al ser miembro de un órgano colegiado, si este en pleno y por mayoría no lo vota, las y los Concejales no pueden cumplir con aquello para lo que fueron creados.

También existe una confusión respecto a lo que es el Consejo. El Concejo, junto con los alcaldes y alcaldesas, conforma la Alcaldía. Es falso que una alcaldesa pueda creer que solamente ella representa al gobierno por ser la titular del Ejecutivo local; ni sus directores generales ni nadie de su gabinete tienen más representación o poder simbólico que el que tienen los Concejales.

Por ello, retomando mi experiencia y el caso reciente de Emilio del Villar, un joven que fue votado por la ciudadanía para estar en el Concejo y que después, por decisión propia, asumió otra responsabilidad pública, pero que hoy busca retornar a la posición que le dio el pueblo de Cuauhtémoc, es inviable que la persona que gobierna esta valiosa demarcación pretenda impedir su regreso a un órgano que, por sus actos, pareciera no respetar ni entender.

Más allá de si es el PAN contra Morena, se tiene que entender la corta visión democrática y el limitado entendimiento de la ley que existe detrás de estas acciones. Si una persona que no nació en Cuauhtémoc, que no vivió en Cuauhtémoc hasta hace apenas dos años y que, por acuerdos políticos, gobierna la demarcación, cree que puede detener a un joven que desde menor de edad caminaba las calles del Centro, la Doctores, la Obrera y la Guerrero, y que tiene amigos como yo en Tlatelolco, está muy equivocada.

Porque si algo ha demostrado la historia de la Ciudad de México es que las y los habitantes de Cuauhtémoc somos guerreros. Por ello, Emilio representa lo que queremos para esta demarcación: que deje de ser una ficha de cambio político y que se concentre en darnos la libertad que merecemos como el corazón de la capital, y la posibilidad de trabajar de la mano de nuestra jefa de Gobierno, sin tener una titular enfocada en hacer espectáculo y creer que sus aspiraciones políticas son más importantes que las necesidades del día a día en las 33 colonias que gobierna.

Si tú vives en Cuauhtémoc, mantente atento. La política se construye todos los días con las decisiones que tomamos. Y Cuauhtémoc, como siempre lo he dicho, merece ser gobernada por alguien que la ame, por alguien de Cuauhtémoc.

 

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