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Enfermedades olvidadas

Apenas han pasado 12 años desde que me gradué de la universidad y son los mismos que llevo ejerciendo como profesional de la salud; aunque parece poco tiempo para conocer el universo de las enfermedades que me toca atender desde mi trinchera, puedo decir que ha sido suficiente para ver un sin número de enfermedades poco atendidas en nuestro país. Como si no fuera suficiente la pandemia de diabetes mellitus y sus consecuencias o la misma pandemia por covid-19 –que completamente evidenció el abandono de los regímenes anteriores de nuestro sistema de salud–, tenemos muchas más enfermedades que se pueden considerar olvidadas que aquejan y acechan a los más vulnerables. Cabe mencionar que olvidada no significa erradicada, de hecho, esta situación lo reconoce la Organización Panamericana de la Salud (OPS) e incluso tiene una definición la cual es:

«Las enfermedades desatendidas u olvidadas son un conjunto de enfermedades infecciosas, muchas de ellas parasitarias, que afectan principalmente a las poblaciones más pobres y con un limitado acceso a los servicios de salud; especialmente aquellos que viven en áreas rurales remotas y en barrios marginales».

A pesar de que la definición es clara y se conoce la situación, nos enfrentamos a innumerables retos para poder combatirlas y uno de ellos, el más grave desde mi perspectiva, es la falta de medicamentos para tratarlas —ya sea por la descontinuación de este, como es el caso de la griseofulvina que se utiliza para tratar tiñas de la cabeza o la niclosamida que es el tratamiento de elección de parasitosis como las «lombrices» o el otro extremo, medicamentos que son impagables—. Esta falta de tratamientos adecuados golpetea a nuestro sistema de salud (esto es a causa de que la industria farmacéutica no encuentra rentable por su bajo costo, el producir estos medicamentos) al no poder llevar un seguimiento farmacológico de este tipo de enfermedades, lo que obliga a buscar alternativas poco exitosas.

La lista de enfermedades es larga, podemos mencionar a la lepra y el micetoma, aclarando que la lepra, desde el punto de vista epidemiológico, no representa un problema de salud pública; pero puede que en un futuro no muy lejano la desaparición de los tratamientos de elección o complementarios lo convierta en uno, porque estas enfermedades tienen en común tratarse con dapsona la cual ya no hay disponibilidad en México.

La realidad de quienes padecen una enfermedad olvidada es impactante, es platicar con la pobreza, con la desigualdad y la batalla que han luchado para poder llegar a un diagnóstico y que en algunos casos no puedan tener un buen tratamiento es frustrante,  sin dejar a un lado el prejuicio social al que se enfrentan. Por lo que hablar de ellas y darles  visibilidad es un primer paso para luchar contra la desigualdad que también se manifiesta a través de las enfermedades.

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