Arrancar el 2026 con un respaldo ciudadano del 77.5 % no es un accidente ni una casualidad estadística. Es el reflejo de una presidencia que ha sabido mantener el pulso político, la cercanía con el pueblo y la continuidad de un proyecto que millones de mexicanas y mexicanos respaldaron en las urnas. Las encuestas publicadas el 26 de enero confirman que la Presidenta Claudia Sheinbaum no solo conserva la legitimidad del movimiento de la Cuarta Transformación, sino que la ha fortalecido en un contexto nacional complejo, marcado por presiones económicas globales y tensiones políticas internas.
Mientras la oposición insiste en leer la realidad desde la nostalgia del viejo régimen, el Pueblo evalúa algo mucho más concreto: resultados. Una aprobación superior al 77% revela que una mayoría clara percibe un gobierno estable, con rumbo y prioridades definidas. No se trata de simpatía personal, sino de la validación de una forma de gobernar donde el Estado vuelve a estar al servicio del interés público y no de las élites. En un mundo donde los gobiernos se desgastan rápidamente, México se ha convertido en una anomalía incómoda para quienes apostaban al fracaso temprano de la 4T.
Ese respaldo nacional se expresa con fuerza en los territorios, y Sonora es un ejemplo contundente. De acuerdo con mediciones regionales, la aprobación de la presidenta en el estado se mantiene entre el 72 y el 80%, colocándolo entre las entidades con mayor respaldo ciudadano al gobierno federal. Este dato no es menor: habla de una relación directa entre política pública y percepción social, entre presencia institucional y resultados palpables. Sonora no apoya por consigna, apoya porque ve acción.
La estrategia federal en la entidad ha sido clara. El impulso al Plan Sonora de Energías Sostenibles ha colocado al estado como un eje estratégico de la transición energética nacional, atrayendo inversión, generando empleos y posicionando a México en la discusión global sobre energías limpias y soberanía industrial. A ello se suman obras de infraestructura largamente postergadas, como la carretera Bavispe–Nuevo Casas Grandes, que integra regiones históricamente aisladas, fortalece economías locales y rompe con décadas de abandono institucional en el norte del país.
En paralelo, las inversiones en salud, programas sociales y fortalecimiento de servicios públicos han tenido un impacto directo en la vida cotidiana de miles de familias sonorenses. Hospitales modernizados, apoyos directos sin intermediarios y una mayor presencia del Estado han consolidado la percepción de que el gobierno federal no solo promete, sino cumple. Esa combinación explica por qué Sonora no solo acompaña a la Presidenta, sino que se mantiene como uno de sus bastiones de respaldo.
La popularidad de Claudia Sheinbaum, medida en encuestas, no se explica como un fenómeno mediático, sino como la consecuencia política de una gestión que ha sabido combinar estabilidad económica, justicia social y desarrollo regional. Los retos siguen ahí, particularmente en materia de seguridad y consolidación de reformas, pero gobernar nunca ha sido evitar el conflicto, sino enfrentarlo con legitimidad y respaldo social.
Hoy, con más de tres cuartas partes del país aprobando su gestión y con estados como Sonora mostrando niveles de apoyo superiores al promedio nacional, la Presidenta gobierna con una fortaleza política que no se construyó en el discurso, sino en los hechos. La transformación avanza en el territorio, y mientras eso ocurra, las encuestas no harán más que reflejar lo que la gente ya percibe en su vida diaria.



