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La revolución de las conciencias

Es claro que cuando López Obrador y Claudia Sheinbaum hicieron y hacen referencia a la politización del pueblo de México, describen un cambio cualitativo en el comportamiento de las personas en su posición hacia la política. Tal vez, como nunca en el México moderno, el ciudadano no se había interesado tanto en los asuntos públicos. En eso tienen razón.

Pero ¿qué es la revolución de las conciencias? ¿A qué se refieren aquellos que nos invitan a revolucionar, a través de la conciencia, la realidad?

Si pensamos un momento en lo que es la revolución y la conciencia, tiene sentido cuando nos percatamos que los procesos revolucionarios llevan consigo un ejercicio de modulación de la conciencia; es decir de la capacidad de percatarnos de nuestro entorno y que ese mismo debe ser modificado.

Un proceso revolucionario es aquel que irrumpe el orden establecido, el que pretende modificar de fondo las condiciones actuales del entorno, por tanto, la revolución de la conciencia apela a la modificación de la conciencia colectiva orientada hacia el cambio de ese orden.

Sin embargo, un proceso de esta naturaleza conlleva tiempo. Desde la perspectiva marxista la conciencia es la negación de la ideología. La ideología es el elemento mediante el cual las estructuras de dominación actúan sobre el ser humano (oprimido) para mantenerlo en el lugar que, según, le corresponde para que el sistema de dominación perpetúe su reproducción. Se le llegó a denominar falsa conciencia a la ideología.

La conciencia se obtendría mediante el proceso cognitivo en el cual el sujeto revolucionario se da cuenta de su condición de opresión; se percata que su entorno funciona porque él es explotado y su condición social se encuentra empobrecida y precarizada. Es decir, no es un ser humano libre, sino atado al destino que han fijado para él. Por tanto, decide actuar en consecuencia, y para su beneficio tendría que revolucionar el sistema, llevarlo a su siguiente etapa de desarrollo histórico, claro según Marx.

En el contexto mexicano, esta revolución de las conciencias se leyó como la posibilidad brindada a que un gobierno crítico al sistema neoliberal arribara a la presidencia de la mano del personaje que es Andrés Manuel López Obrador y diera continuidad ahora con Claudia Sheinbaum como presidenta de la república. Ahora lo importante es hacer honor a esa premisa y modificar ese sistema.

Pero no somos ingenuos, no podemos, ni debemos entender la realidad actual en el canon marxista de Europa del siglo XIX, dónde Marx pensó en la posibilidad de una dictadura del proletariado. Es decir, no habrá un proceso de conducción al socialismo que ulteriormente se convierta en comunista y demás.

Tendríamos mejor que pensar bien en lo que se tiene que hacer para transitar, de manera real, de régimen. La historia ha sido cruel para las ideas, pues muchos proyectos políticos a gran escala han fracaso por sus resultados, no meramente económicos, sino humanos. Los totalitarismos desembocaron en guerras mundiales, la guerra fría continua de manera soterrada al grado de tener guerras más crueles a la vuelta de la esquina.

Esto no significa que no existan alternativas al desarrollo del modelo capitalista y su maridaje con la democracia liberal. De hecho, este mismo modelo tiene años cayendo en crisis cada día más palpables y visibles; ósea, la democracia liberal no ha brindado respuestas a los problemas de desigualdad, seguridad social, justicia laboral, ecología, que el mundo presenta, al contrario, se han acentuado.

Para el caso mexicano, es claro que la revolución de las conciencias puede haber sido el primer paso en construir una mayoría política que le permitiera al movimiento de regeneración nacional construir una alternativa al desarrollo histórico del país.

Ahora, tendría, desde mi perspectiva, que construirse una mayoría social. Sin embargo, el arca de Noé en que se encuentra reducido el partido Morena, no parece que vaya en esa dirección. La construcción de una conciencia política colectiva revolucionaria no puede ser objeto de contención por parte de un politburó, ni mucho menos de la sustitución de una falsa conciencia por otra.

 

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