El mes de enero de 2026 marcó un punto de inflexión en la historia reciente de la seguridad pública en la Ciudad de México. De acuerdo con los datos presentados por la Jefa de Gobierno, Clara Brugada, se trató del enero con la incidencia delictiva más baja en once años. Este hecho no solo representa una mejora estadística, sino también un avance significativo en la percepción de seguridad de millones de habitantes. Analizar estas cifras permite comprender la magnitud de los cambios y reflexionar sobre los factores que han contribuido a este resultado.
En primer lugar, la reducción general de los delitos de alto impacto constituye uno de los indicadores más relevantes. En comparación con enero de 2025, estos delitos disminuyeron 19 por ciento, lo que refleja una tendencia sostenida a la baja. Aún más significativo es el contraste con 2019, año que funcionó como un punto crítico en materia de inseguridad: frente a ese periodo, la reducción alcanza 68 por ciento. Esta caída no es un fenómeno aislado, sino el resultado de la aplicación de la Estrategia Nacional de Seguridad de la Dra. Sheinbaum en la CDMX, en concreto de aquellas acciones dirigidas a la prevención del delito, la coordinación interinstitucional y el fortalecimiento de las capacidades de las fuerzas de seguridad.
Uno de los datos que mejor ilustra este avance es la cifra de homicidios registrados en enero de 2026. Con 61 casos reportados, el número es menos de la mitad de los registrados en enero de 2019. Aunque cada pérdida humana es una situación muy lamentable, y subraya la necesidad de seguir trabajando en la prevención de la violencia, la comparación histórica evidencia un progreso notable. La disminución de homicidios se considera un indicador clave del éxito de las estrategias de seguridad, ya que este delito sintetiza múltiples factores sociales, económicos y operativos.
Asimismo, la reducción en el robo de vehículos representa otro logro significativo. Durante el último año, este delito descendió 37 por ciento y, si se compara con 2019, la disminución alcanza 69 por ciento. El robo de vehículos tiene un impacto directo en la vida cotidiana de la ciudadanía, pues afecta la movilidad, la economía familiar y la sensación de vulnerabilidad. Su reducción sugiere mejoras en la vigilancia, en el uso de tecnologías de rastreo y en la coordinación entre autoridades y sistemas de justicia.
Estos resultados también deben analizarse en el contexto de una estrategia integral de seguridad. No se trata únicamente de incrementar la presencia policial, sino de combinar acciones de inteligencia, prevención social del delito y modernización tecnológica. La implementación de sistemas de monitoreo, el análisis de datos y la focalización de operativos en zonas de mayor incidencia han permitido optimizar recursos y responder con mayor eficacia a los desafíos urbanos.
Otro aspecto fundamental es la participación del pueblo. La confianza en las instituciones de seguridad es un elemento esencial para la denuncia de delitos y la colaboración comunitaria. Cuando el pueblo percibe mejoras reales, se fortalece el vínculo entre autoridades y sociedad, lo que a su vez contribuye a consolidar los avances alcanzados. En este sentido, enero de 2026 puede interpretarse como el resultado de un esfuerzo compartido entre el gobierno y el pueblo de la CDMX.
La seguridad pública es un proceso que exige evaluación constante. Mantener y profundizar la tendencia requiere seguir desarrollando la Estrategia Nacional de Seguridad en cada rincón de nuestra ciudad, invertir en capacitación y poner atención especial en las causas estructurales de la criminalidad, como la desigualdad social y la falta de oportunidades. La prevención debe seguir siendo el eje central, complementando las acciones reactivas con programas que fortalezcan el tejido social.
También es importante considerar el impacto simbólico de estas cifras. Que enero de 2026 haya sido el mes de enero más seguro en más de una década envía un mensaje de esperanza y demuestra que las transformaciones son posibles. En una metrópoli tan compleja y poblada, lograr reducciones significativas en la incidencia delictiva representa un desafío mayúsculo. Por ello, estos resultados adquieren una relevancia especial en el debate público, en el que, por cierto, la oposición se sigue quedando sin argumentos.
Los datos de enero de 2026 reflejan un avance histórico en la seguridad de la Ciudad de México. La disminución de 9 por ciento en delitos de alto impacto respecto a 2025, la reducción de 68 por ciento frente a 2019, los 61 homicidios —menos de la mitad que en 2019— y la caída del robo de vehículos de 37 por ciento en el último año y de 69 por ciento respecto a 2019 configuran un panorama alentador. Estos logros son el resultado de la estrategia de seguridad de la 4T, la coordinación institucional y la participación del pueblo. Demuestran que, con políticas públicas consistentes y un compromiso firme, es posible construir entornos más seguros y resilientes hacia el futuro; además, se está cumpliendo una de las demandas más importantes para el pueblo de la Ciudad de México.




