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Los libros de texto en el proceso enseñanza-aprendizaje

El momento histórico que vivimos, en el contexto educativo en nuestro país, demanda recordar que se ha considerado con frecuencia —a los libros de texto— desde tres perspectivas: como un instrumento político, como una herramienta pedagógica y como un medio de información. Se ha convertido, el tema de los nuevos libros de texto, en objeto de debate, de controversia… pero, sobre todo, de mucha confusión. Al respecto, es importante considerar lo aportado por el actual Director General del Instituto Estatal de Educación Pública de Oaxaca (IEEPO) Emilio Montero Pérez, quien declaró recientemente que “Los libros de texto gratuitos son una herramienta pedagógica importante, no la única, y además perfectible, que las maestras y maestros podrán utilizar como guía y conductor del proceso de enseñanza-aprendizaje, pues se reconoce la libertad de cátedra y experiencia del docente, además se destaca el valor estimativo que tienen estos materiales didácticos para el alumnado”.

Aunada a dichas funciones, los libros de texto también cumplen la gran función de reproducir, mantener y documentar la cultura en una nación, entendiéndose esta última desde una manera amplia, diversa… incluyendo los hechos, circunstancias y realidades, social, histórica y contextualmente determinado. El libro de texto es, en esencia y naturaleza, una herramienta pedagógica, didáctica y curricular apropiada, en virtud de que apoya tanto a los/ as docentes como a los/as estudiantes, en el desarrollo de los procesos de aprendizaje y enseñanza, dentro y fuera del aula.

Ahora bien, debemos tener claro que cualquier material de aprendizaje y enseñanza —y especialmente los libros de texto— cumplen un alto papel formativo-educativo en los diversos ámbitos de nuestros sistemas educativos, por lo que los libros de texto, en el marco de la praxis formativa y educativa, asumen una doble direccionalidad; tanto constituyen un medio indispensable para el tratamiento de contenidos intra e interdisciplinarios, como se constituyen en mediadores del proceso de aprendizaje y enseñanza, y debido a su fundamental papel, difícilmente podrá ser eliminado o sustituido por otro recurso pedagógico y didáctico; se han afianzado en cada uno de los países donde existe un sistema educativo formal, puesto que forman parte inseparable de la complejidad estructural del currículo, y está comprobado —mediante investigaciones y estudios diversos— que difícilmente puede existir un buen proceso de aprendizaje y enseñanza sin la utilización de un buen libro de texto. Aún más, se ha llegado a establecer una interrelación entre el/la docente y el libro de texto, tomando en cuenta las características de ambos. Definitivamente, un/a buen/a docente podría trabajar —sin mayores inconvenientes— a partir de algunas partes de un determinado libro de texto, aun cuando sea pedagógica y didácticamente deficiente, o bien, con la ayuda de otros materiales —obviando el libro de texto por completo-; para que ello ocurra, es necesario disponer de excelentes docentes, muy bien formados/as en lo intradisciplinario e interdisciplinario, psicopedagógico, curricular, sociocultural y político.

En la historia de nuestro país, cualquier libro de texto ha sido, como en todo el mundo, producto del pensamiento y las acciones de las personas, quienes por esencia son entes fundamentalmente políticos. Por otra parte, el contenido propiamente dicho de los libros de texto no es abstracto ni tampoco está separado de las realidades, los contextos y fenómenos socionaturales; por el contrario, reflejan o muestran buena parte de la realidad del mundo social y natural, caracterizada por fuerzas opuestas, luchas y posicionamientos contrapuestos, intereses y preocupaciones, en fin… a interacciones entre sujetos social y políticamente determinados, quienes defienden, rechazan o comparten determinados puntos de vista y/o intereses.

El libro de texto constituye, por tanto, uno de los componentes políticos más relevantes del currículo. En el marco de la implementación de la Nueva Escuela Mexicana, no nos debería sorprender la aceptación o rechazo de cualquier libro de texto por parte de un determinado grupo de opinión, poder o presión… lo que realmente es sorprendente es conocer aquellas afirmaciones que indican la supuesta existencia de algún libro de texto totalmente neutral, apolítico, desprovisto de ideología y posicionamiento político.

En definitiva, no es posible concebir una educación integral, liberadora, políticamente comprometida, transformadora y emancipadora, sin la existencia de buenos libros de texto para toda la población de un país; la continuidad y existencia en el tiempo de libros de texto gratuitos para toda la población —como parte de los procesos de cambios sociopolíticos, económicos, culturales y educativos— responde y abona a la construcción de nuevas sociedades… aquellas que se generen a favor de la justicia y el progreso, bajo los principios de la Cuarta Transformación.

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