El maíz es una planta nativa de México que tras alrededor de 10 mil años de domesticación ha sido la base principal de la alimentación en nuestro país, así como la fuente económica de diferentes comunidades o familias campesinas que con ello satisfacen otras necesidades básicas, así también, el maíz es utilizado para ritos o ceremonias ancestrales para curación a las personas o agradecimiento a la tierra y a la naturaleza.
Como es sabido, desde la llegada de la Cuarta Transformación con el expresidente Andrés Manuel López Obrador a la presidencia de la República, hubo una serie de decretos y posicionamientos para prohibir el uso del maíz modificado genéticamente, ya que este está ligado con el uso de glifosato uno de los herbicidas dañinos para salud, además de que el maíz transgénico en el campo mexicano afecta a las variedades originarias y se desplazan a los pequeños productores que con esfuerzos familiares y comunitarios preservan semillas originarias y técnicas propias de trabajo como el sistema milpa.
Recientemente, en el marco del fallo del panel del T-MEC sobre el maíz transgénico, en donde Estados Unidos asegura que los decretos presidenciales del gobierno mexicano de 2023, en donde se prohíben el uso del glifosato y el uso de maíz transgénico carecen de evidencias científicas ante órganos relevantes en el plano mundial.
Ante ese escenario, la Presidenta de la República, Claudia Sheinbaum, ha expresado su postura y compromiso, el cual será defender el maíz nativo de los pueblos de México y no permitir su contaminación por la injerencia de granos genéticamente modificados. Así mismo, la mandataria federal, adelantó que en este año 2025, se legislará una ley para proteger el maíz nativo del país y, por ende, prohibir la siembra y uso del maíz transgénico en el territorio nacional, por lo que avecina un interesante debate y análisis en el Congreso de la Unión, además por las presiones de intereses económicos del exterior que se reciben en estos casos.
La propuesta de la Presidenta Sheinbaum Pardo de elevar a rango constitucional la prohibición del grano transgénico, es sana, justa y necesaria por múltiples razones. Una de ellas tiene que ver con nuestra historia e identidad cultural, como es sabido, el maíz es originario de México y ha formado parte de la vida familiar y social – comunitaria, tan solo basta ver como en diferentes pueblos de México se preservan roles de ayuda mutua para la siembra de la milpa como la “mano vuelta”, mismas que fortalecen los lazos comunitarios.
La seguridad y salud alimentaria son otra de las razones principales, por lo que es viable una ley que prohíba alimentos que afecten la salud de las y los mexicanos. Garantizar granos y alimentos orgánicos con cuidados naturales sin uso de herbicidas dañinos es una forma de prevención de enfermedades y, al mismo tiempo, se fortalece la cultura de una sana alimentación y nutritiva.
Establecer políticas alimentarias en nuestro país es una forma de ejercer nuestra soberanía y con ello alejar la dependencia alimentaria que muchas veces se traduce en injerencia. Hoy más que nunca nuestro país está recuperando su soberanía ante las diferentes naciones y diversos asuntos, se debe ratificar que a México se le respeta en este como en otros temas.
Debemos estar atentos a la legislación que se vaya a trabajar e involucrarnos en este importante asunto de soberanía, alimentación e identidad de nuestro país. Al mismo tiempo, debemos estar atentos y unidos a la postura de la Presidenta de México, que hasta al momento se ha mostrado a la altura, y ha ratificado su compromiso de dar vuelta al fallo del panel del T-MEC y defender el maíz nativo de México.




