Por: Román Meyer Falcón
Cuando pensamos en Acapulco, muchos evocamos su época dorada entre los años 50 y 80. Hoteles icónicos, como Las Brisas y el Princess, junto a lugares como La Quebrada y la Isla de la Roqueta, lo convirtieron en un destino de prestigio.
En su corazón, la zona histórica preserva vestigios coloniales, con el Fuerte de San Diego como testigo de siglos de historia, y espacios como la Casa de los Vientos, con murales de Diego Rivera, que nos recuerdan ese pasado de esplendor.
Desafortunadamente, los recientes embates de huracanes como Otis y John han profundizado la crisis urbana del puerto. Se exacerbaron la carencia de servicios básicos y las desigualdades y esto ha golpeado al turismo y a la economía local. Acapulco enfrenta un déficit de vivienda social del 25.3%, por encima del promedio nacional del 18% (Infonavit). Solo el 42.4% de la población está satisfecha con los servicios públicos, y la aceptación en el suministro de agua potable es de apenas 3.3% (ENCIG, 2023). Además, el 61% de las vialidades carecen de infraestructura adecuada (INEGI, 2020), y la ciudad ocupa el quinto lugar en homicidios dolosos a nivel nacional (SSP Guerrero, 2023).
Para hacer frente a estos desafíos, el gobierno federal ha impulsado inversiones clave. Durante la administración del presidente Andrés Manuel López Obrador, se llevaron a cabo más de 200 intervenciones en infraestructura urbana, con proyectos como la rehabilitación del Parque Papagayo. Sin embargo, la regeneración de Acapulco no puede depender de esfuerzos aislados. La presidenta Claudia Sheinbaum ha lanzado el programa “Acapulco se Transforma Contigo”, con una inversión de 8,000 millones de pesos para mejorar la movilidad, el alumbrado, el saneamiento, los accesos a la playa y el centro histórico, entre otros aspectos. La clave ahora es garantizar que estas acciones sean sostenidas y coordinadas con la iniciativa privada para detonar un desarrollo integral del puerto.
No basta con intervenir en la bahía; Acapulco requiere una visión metropolitana que conecte sus zonas periféricas, como Zapata y Renacimiento, con el centro turístico. Un sistema de transporte eficiente es crucial para integrar la ciudad y mejorar la movilidad de los habitantes. Experiencias como el metro cable en Medellín han demostrado que la inversión en movilidad no solo reduce tiempos de traslado, sino que también impacta la seguridad y el acceso a servicios. En Acapulco, la geografía accidentada y la falta de infraestructura vial en diversas colonias hacen que un sistema similar tenga potencial para convertirse en un modelo de integración urbana.
Además, también es fundamental mejorar la imagen urbana y el espacio público. La revitalización de la bahía debe contemplar infraestructura turística de calidad, equipamiento urbano adecuado y espacios seguros para la comunidad. Acapulco tiene el potencial de recuperar su grandeza, pero esto solo será posible si la inversión es integral, sostenible y responde a las necesidades reales de su población. Está en un punto de inflexión: o se apuesta por su transformación o se perpetúan las carencias que lo han marginado. No hay tiempo que perder.
Este es solo el comienzo de un proceso que exige voluntad política, inversión constante y la participación de todos los sectores. Si queremos devolverle al puerto su esplendor y garantizar una mejor calidad de vida para sus habitantes, debemos actuar ahora. Es momento de construir un Acapulco más justo, accesible y vibrante.
@MeyerFalcon
Exsecretario de Desarrollo Agrario, Territorial y Urbano.




