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40 Horas
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Mentira

El 22 de febrero el Estado mexicano ejecutó un operativo real; no metafórico, no simbólico: real.

Con nombres reales.

Con soldados reales.

Con muertos reales.

Con familias reales que hoy no leen columnas: viven el duelo.

Lo confirmó la Secretaría de la Defensa Nacional; lo confirmó la Presidenta en la mañanera, de frente y lo confirmó la crudeza de la violencia posterior.

Hay momentos en la historia de un país en los que el Estado no puede titubear; no por orgullo, ni por propaganda; sino por responsabilidad. El monopolio legítimo de la fuerza no es un eslogan: es una carga moral; y cuando se ejerce, se ejerce con consecuencias. Sin embargo, mientras el país intentaba procesar la magnitud del hecho, los opinólogos opositores decidieron que la realidad era demasiado sobria. La historia necesitaba efectos especiales; algo fantástico; tan fantásticos como decir que fueron los Thundercats (Leono, Pantro, Tigro y Chitara) quienes realmente encabezaron el operativo.

Como dijo Manu Chao:  “¿Qué más quieres? ¿Quieres más?”

Te lo muestro.

Primer acto: El estrangulador aéreo

Pedro Ferriz de Con afirmó que un soldado norteamericano lo habría estrangulado en el helicóptero durante el traslado. Sí, estrangulado en pleno vuelo, a miles de metros de altura; en una operación que, según esa versión, era tan secreta que solo faltaba el soundtrack de Misión Imposible o de Misterios sin Resolver.

Claro.

Porque ahora la cooperación internacional incluye lucha grecorromana en cabina, mientras los demás miran discretamente por la ventana; para, posteriormente, hablar por su radio y decir: We’ve lost him, general” y ver con una mirada desafiante al resto decir la tripulación. ¡Me encanta esa escena!

Uno pensaría que la ficción tiene límites; PERO NO. Esto se pone, cada vez, mejor.

Segundo acto: El silencio forzado

Otra versión, desde el mismo ecosistema opositor, asegura que fue el Ejército mexicano quien lo asesinó deliberadamente.

¿Por qué?

Porque temían que fuera entregado a Estados Unidos; ya que iba a hablar y eso pondría en riesgo al gobierno.

Entonces respiremos.

Si Pedro Ferriz dice que lo mató un soldado norteamericano; pero otro opinólogo opositor sostiene que lo mató el Ejército mexicano para evitar que lo agarraran los norteamericanos, ¿qué salió mal? ¿Acaso el soldado estrangulador de Pedro Ferriz no tuvo el guion actualizado y tuvo que improvisar, porque en la actualización lo mataban los mexicanos para evitar que en gobierno estadounidense lo pusiera bajo custodia? Entonces la escena quedaría así:

Después de estrangular al Mencho, el soldado norteamericano dice, a través de su radio: “We’ve lost him, general; the damn Mexicans killed him” seguido por la mirada desafiante al resto de la tripulación. ¿Entonces quién lo mató? ¿Los gringos? ¿El Ejército? ¿Ambos en una coreografía secreta con libreto compartido?

No cabe duda de que la conspiración opositora no necesita adversarios; se combate sola. Se pisa la cola y se contradice en tiempo real.

“Mentira la mentira, mentira la verdad…” dice Manu Chao

Tercer acto: La medalla prestada

Y como si no fuera suficiente, surge la tercera pieza: Que “todo fue operación estadounidense”,  que “México solo se cuelga la medalla.”

Perfecto.

Entonces expliquen por qué los elementos mexicanos caídos murieron en una producción extranjera. ¿Eran extras? ¿Era utilería emocional?

La burla aquí no es hacia la crítica; la crítica es necesaria. La burla es hacia la narrativa que se cae por su propio peso.

Coda: La fábrica de humo (y lo que viene…)

Mentira lo que dice, mentira lo que da…”

Mentira el “tengo información privilegiada”.

Mentira el “me dijeron”.

Mentira el “yo tengo la verdadera versión”, pero sin datos.

Y espérense a lo que viene.

Ustedes no lo saben, pero el Mencho era un anunaki. Sí; un anunaki infiltrado en el crimen organizado; y, como el gobierno norteamericano está plagado de reptilianos interdimensionales, decidieron eliminarlo antes de que activara un portal cósmico en Tapalpa.

Me lo contó el loro del primo de un amigo que andaba en el operativo, después de escuchar esta conversación (Sarcasmo explícito. No vaya a ser que mañana lo citen como fuente). Porque cuando la política se vuelve caricatura conspirativa, cualquier absurdo parece viable. Pero hay algo que no es caricatura: hay familias que lloran, hay instituciones que actúan y hay decisiones que pesan; y, en medio del ruido, la responsabilidad del Estado no es espectáculo: es deber. Y, eso, debe reconocerse. Pero, cuando la oposición necesita tres versiones distintas para explicar un mismo hecho, el problema no es el gobierno; es la coherencia y la espuma que les sale por la boca a los opositores cuando el gobierno acierta.

Aquí está la partitura completa y una sarcástica predicción:

Estranguladores invisibles.

Silencios forzados.

Medallas prestadas.

Anunakis contra reptilianos.

Todo es mentira, la verdad

“Todo es mentira”, yo me digo

Todo es mentira, ¿por qué será?”

La mentira puede sonar fuerte; pero la realidad, aunque no tenga efectos especiales, permanece.

“Te quiero más que a mi vida, llorona.

¿Qué más quieres? ¿Quieres más?”

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