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México entre dos mundos (y el litio al centro)

México ya no está en la periferia de la geopolítica. Está en medio.

Lo que hoy ocurre entre Estados Unidos y China no es solo una guerra comercial. Es una disputa por el control del futuro: energía, tecnología, cadenas de suministro y minerales estratégicos.

Y en ese tablero, México dejó de ser espectador. Porque hoy, el recurso clave no es solo el petróleo. Es el litio.

Un mineral fundamental para baterías, autos eléctricos y almacenamiento de energía. Es decir: para el futuro.

Y justo esta semana, la coyuntura lo dejó claro.

La Suprema Corte de Justicia de la Nación validó la reforma que establece que el litio es propiedad exclusiva del Estado mexicano, prohibiendo concesiones a privados y consolidándolo como un recurso estratégico nacional.

No es un dato menor.

Es una definición de rumbo.

Mientras Estados Unidos busca reducir su dependencia de China en sectores estratégicos. China, por su parte, controla buena parte del procesamiento global de litio y minerales críticos, lo que le da ventaja en la carrera tecnológica.

El resultado es un reordenamiento global:

  • Estados Unidos quiere asegurar cadenas de suministro en América del Norte
  • China busca mantener su dominio industrial y energético
  • Y América Latina se convierte en territorio clave En ese contexto, México adquiere un papel estratégico. No solo por su ubicación. Sino por sus recursos.

México forma parte del T-MEC, profundamente integrado a la economía estadounidense. Pero al mismo tiempo, empieza a tomar decisiones que apuntan a recuperar control sobre sectores estratégicos.

El litio es el ejemplo más claro.

Al declararlo recurso exclusivo del Estado, México rompe con la lógica de concesión privada que marcó décadas de política económica. Y también manda un mensaje: no todo está abierto al mercado.

Ese mensaje no pasa desapercibido.

Porque en un escenario donde Estados Unidos busca limitar la influencia china y asegurar recursos estratégicos en su región, cada decisión de este tipo se vuelve geopolítica.

Pero hay algo que rara vez se dice de forma directa: La disputa por el litio también es una disputa contra China. China no solo consume litio. Controla gran parte de su procesamiento global, lo que le permite dominar industrias clave como la fabricación de baterías.

Por eso, para Estados Unidos, asegurar el acceso a minerales en América Latina no es solo economía.

Es estrategia.

Y México está justo en medio de esa tensión.

Sin romper con Estados Unidos… pero sin ceder completamente su margen de decisión. Y mientras todo esto ocurre, hay una pregunta incómoda: ¿dónde están los estados dentro de esta nueva geopolítica?

Porque mientras el país empieza a discutir soberanía energética, litio y cadenas globales, no todos los territorios están participando de ese proceso.

Baja California Sur, por ejemplo:

  • no forma parte del nearshoring
  • no está en la cadena industrial
  • no participa en la economía del litio
  • sus gobiernos le apuestan solo al turismo Eso significa algo muy concreto:

Mientras el mundo se reorganiza… El estado sigue dependiendo de factores externos. El dólar. El turismo. La economía estadounidense. Mientras hoy conviven dos realidades:

Un México que busca posicionarse en la disputa global por recursos estratégicos y otro que sigue operando bajo un modelo de dependencia económica.

Baja California Sur está más cerca del segundo, no por falta de capacidad. Sino por falta de integración al nuevo modelo.

El litio no es solo un mineral.

Es una línea de definición en el siglo XXI.

México está intentando decidir sobre su futuro en un mundo dominado por dos potencias. Entre Estados Unidos que busca controlar su entorno… y China que ya controla buena parte del mercado global.

La pregunta incómoda ya no es geopolítica. Es territorial:

¿Quiénes van a formar parte de ese nuevo México? ¿Quiénes van a quedarse dependiendo del viejo modelo?

Porque mientras el mundo disputa el control del futuro…

hay lugares donde el presente sigue dependiendo de cuántos turistas lleguen el fin de semana.

Y eso no es casualidad.

Es diseño.

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