Pluma Patriótica

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Ni patriotero ni cuatrotero a

Ni patriotero ni cuatrotero a ultranza

 Algunas reflexiones 

Ni patriotero ni cuatrotero a ultranza

Simplemente soy patriota. Y como tal, desde hace muchos años he visto como se le ha tomado el pelo vil y ruinmente a los ciudadanos de este país a lo largo de medio milenio, por gobiernos y empresarios, por instituciones y clero, por la mayoría de quienes ostentaron el poder:  el gubernamental, el económico y los recursos naturales.  Ni la Independencia ni la Revolución lograron que se hiciera justicia a la población más marginada, que hoy es la prioridad genuina del gobierno de Andrés Manuel López Obrador. El slogan “Por el bien de todos, primero los pobres” es tomado con escepticismo e indolencia extrema por un vasto sector de las clases medias y altas; lo que solo denota el clasismo, racismo e individualismo con el que crecieron y con el que las clases dominantes fueron moldeando educativamente al Pueblo de México por siglos. Si uno se quiere llamar patriota -independientemente de ser o no afín al gobierno actual-, no puede pasar por alto el enorme despojo del que este país ha sido objeto por generaciones en beneficio de solo unos cuantos. Y estos le han tomado el pelo a la mayoría de este país. Estoy seguro de la integridad de las declaraciones de nuestro primer mandatario, quien todos los días proclama todas las injusticias arriba escritas. Por eso precisamente apoyo al proyecto de este gobierno, y más aún, a quien lo encabeza: por su honestidad y valentía al hablar claro y dar cuentas todos los días al Pueblo. No todo lo que sucede en la política actual me parece perfecto, pero peor que antes de la llegada de la 4T no podíamos estar. Era lo que necesitaba el país para no caer en un caos total, y no el supuesto caos que muchos detractores y sus bots pagados le quieren inventar. Caos, por ejemplo, el que le dejaron con el sistema de salud destrozado, la deuda pública tan escandalosa y la entrega descarada de los recursos a manos extranjeras en detrimento de los intereses del Pueblo.

Pese a lo que diga (e invente) la oposición y parte de la oligarquía -que quiere seguir gozando de los privilegios que antes tuvieron-, los medios tradicionales y sus seguidores, e incluso lo que pareciera ser un golpe político por parte de la Auditoría Superior de la Federación (con el anuncio del sábado pasado), este gobierno se seguirá sosteniendo no solo por el gran apoyo popular del que goza, sino por el indudable apoyo que encuentra en mucha de la comunidad internacional sensata y honesta. Lo vimos ayer con el Presidente Alberto Fernández y lo hemos seguido con otros notables estadistas, como José Mujica y otros mandatarios.

El neoliberalismo es un colonialismo light

El régimen económico que comienza a nivel mundial en los 80 -el neoliberalismo,  propiciado por Ronald Reagan y Margaret Thatcher con sus respectivos antecedentes-, se implementa en México con el afán de -hipócritamente- mover las riquezas y bienes nacionales a una globalización que, supuestamente, daría a todo el país un avance sin precedentes. Muchos en esa época cacareaban que estaríamos  a la altura de milagros económicos como el coreano.  Pues sí, hubiera podido empezar a serlo de haberse manejado bien. Pero parece ser que no tuvieron ni el menor intento por hacerlo. Les ganó su desmedida ambición por hacer negocios lícitos e ilícitos para ellos y para su clan, el mismo clan dominante de los siglos pasados, que nunca dejó que la enorme riqueza que teníamos (y su desmesurada explotación irracional) permease a estratos más bajos de la población para hacer un país más justo.  Prefirieron quedarse con la tajada más grande del pastel. Se convirtieron en verdaderos enfermos mentales adictos al dinero y al poder. Se comportaron como  las potencias colonialistas de los siglos pasados (España, Francia, Italia, Holanda e Inglaterra, entre otros), que despojaron ruinmente a los países que colonizaron y devastaron lo que pudieron de sus territorios conquistados en Asia, África, Oceanía y América;  implementaron regímenes injustos y hasta de terror, esclavizando a los pobladores originarios y haciéndolos súbditos de sus reinos, robándose literalmente todo lo que pudieron. Así,el neoliberalismo parece que hizo algo muy parecido con sus poblaciones y con los países más pobres (pero ricos en recursos) con los que hicieron tratos. ¿No es similar el colonialismo al régimen neoliberal que tuvimos en México? Solo que con la hipócrita cara de vivir una supuesta “democracia” -donde las elecciones eran un enorme fraude- para finalmente terminar haciendo lo mismo que los colonizadores con las tierras conquistadas, solo que  ahora en su propia casa y de una manera más ‘light¡ y políticamente correcta. ¿No se permitió el saqueo y la privatización de todos y cada uno de los sectores estratégicos haciendo los políticos jugosos negocios junto con aquellas compañías extranjeras con las que concertaron  las desventajosas y pésimamente reguladas concesiones para México? Encima,  trataron al Pueblo mexicano como fuerza laboral barata, desechable y ciudadanos de segunda. Recuerde Pasta de Conchos.  Además, se volvieron una amenaza para el medio ambiente. Y cuando no les salió el juego y vinieron crisis económicas que afectaron su patrimonio, el gobierno les ayudó a no “empobrecerse” con apoyos que pagamos todos -como el FOBAPROA-.

¿Es entonces acertada o no la iniciativa preferente en materia energética que ha enviado el Presidente? Por supuesto que implica riesgos si no se maneja bien por parte de quienes deben hacerlo, pero  creo que no podría estar peor en manos de particulares (a quienes finalmente no se les quita nada) y el riesgo anterior era a corto y largo plazo. La intención del gobierno no es despojar a nadie;  mucho menos volvernos un país comunista. Esta suposición de varios desorientados solo me causa risa y vergüenza ajena. La intención es (lo ha dicho el Presidente hasta el cansancio) regular a través de quien debe regular: el Estado. Ya se vio con el caos y las múltiples desgracias que se tuvieron en Texas y otras regiones de Estados Unidos por el extremo frío de la semana pasada -país al que, al parecer, el recalcitrante neoliberalismo lo convirtió en un territorio en vías de desarrollo-. Aquellos que no quieran ver que el neoliberalismo desenfrenado y voraz ha sido un rotundo fracaso en todo el mundo, en verdad necesitan mucha sensibilidad, conciencia y memoria histórica. Igual de poco E igual funcional resultó ser el comunismo radical. Estoy seguro de que el mundo, en menos de 50 años, será administrado de una manera muy diferente a la actual, y sin el estorboso lastre de los partidos políticos -que lo único que han ocasionado hasta ahora, y más en este país, es dejarnos huérfanos de asociaciones que alguna vez nos representaron por sus ideologías políticas y sociales-. Estos nos han dejado una enorme desconfianza hacia su proceder, absolutamente alejado de los principios y paradigmas por los que fueron ideados, lo que ha ocasionado que cada vez haya menos personas dispuestas a  confiar en ellos, por muy de izquierda o de derecha que sean. Sin embargo, y pese a todo, en las próximas elecciones de junio de 2021 y de 2024 no debemos bajar la guardia y debemos, como ciudadanos conscientes y sensibles, elegir a gobernantes y legisladores que demuestren que no vamos a incurrir en el grave, terrible y aterrador error -y peligro- de involucionar y así retroceder a lo que para tantos millones de pobres y despojados a través de la historia mexicana ha sido una muerte en vida a dosis lentas pero, al final, letales.

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