“Es necesario nombrar y reconocer a las mujeres de la historia universal, porque lo que no se nombra, no existe y lo que no existe no se valora”.
Janet Camilo
Marzo es el mes dedicado a la mujer por el contexto del “Día Internacional de la mujer”; muchos eventos se han programado —como conferencias, foros, mesas redondas, conversatorios—, además de marchas y otros actos; se difundirán datos estadísticos diversos, dando cuenta de lo que sabemos existe: una gran desigualdad entre hombres y mujeres. Una de esas desigualdades es la difusión de las biografías de mujeres emblemáticas, aportaremos en este ámbito respondiendo a la pregunta: ¿quién fue Laureana Wright González?
Una mujer adelantada a su tiempo —como son todas aquellas que irrumpen en la escena pública y en cualquier ámbito—, Laureana Wright González nació el 4 de julio de 1846 en Taxco, Guerrero, México (murió en 1896) de acuerdo con su biografía. Fue hija de Santiago Wright, de ascendencia norteamericana, y de Eulalia González, mexicana. Realizó sus primeros estudios y aprendió francés e inglés con profesores particulares en la Ciudad de México. En 1865 empezó a escribir poemas. Contrajo matrimonio con Sebastián Kleinhans y, por un año, abandonó sus actividades literarias. Demostró siempre sus ideas liberales que no temió dar a conocer en las diversas publicaciones de su época. Directora y fundadora de la revista Violetas del Anáhuac, donde se planteó el problema del sufragio femenino y la igualdad de ambos sexos, y que le da carácter de precursora del periodismo femenino en México, y en América Latina, escribió varios textos bajo la convicción de discutir sobre la educación femenina como el principio que demuestra la igualdad intelectual entre hombres y mujeres, tenía la certeza de que la capacidad de las mujeres para incursionar en cualquier actividad o profesión desempeñada por un hombre, era demostrable.
Sus colaboraciones en el Diario del Hogar, fueron censuradas por el presidente Porfirio Díaz, y probablemente su esposa Delfina Ortega, de quien era amiga, fue la que intercedió por ella, ya que estuvo a punto de ser expulsada del país.
Fue nombrada socia honoraria de la Sociedad Nezahualcóyotl a petición de Gerardo Silva y Manuel Acuña. En 1872 ingresó a la Sociedad Científica El Porvenir. En 1873 se le nombró social del Liceo Hidalgo por petición de Ignacio Ramírez y Francisco Pimentel. En 1885 se le distinguió como socia honoraria del Liceo Mexicano, así como del Liceo Altamirano de Oaxaca.
En la revista Las Violetas del Anáhuac, Laureana dedicó una sección a la biografía de mujeres mexicanas que, en 1910, editaría como libro aparte como Mujeres notables mexicanas para evitar “la invisibilidad” de las mujeres. Laureana fue precursora de la lucha por la igualdad entre mujeres y hombres, por lo que presentamos el párrafo introductorio del texto “La emancipación de la mujer por medio del estudio”, publicado en 1981:
“Desde los primeros días del mundo pesó sobre la mujer la más dolorosa, la más terrible de las maldiciones: la opresión. Y era preciso que así sucediera, pues el hombre que se ha dado el pomposo título de “Señor de todo lo creado”, no podía conformarse con subyugar a todas las demás especies vivientes; era preciso que subyugase también a la suya, que redujese un cincuenta por ciento de su raza a cero, y este cincuenta, por la razón de la fuerza, debía ser la mujer”.



