El pasado 19 de junio en Colombia se realizó la segunda vuelta electoral, Petro y Francia/ Francia y Petro se vieron favorecidos con el voto mayoritario. Un Presidente y una Vicepresidenta elect@s con apenas una diferencia mínima del 3.1% con su más cercano contrincante, el empresario Rodolfo Hernández, quien sin duda presentaba la continuación del status quo y el sistema capitalista, además de la continuación de la relación con los Estados Unidos de Norteamérica.
Petro, en su discurso después del triunfo dijo que «La paz es que alguien como yo pueda ser presidente y que alguien como Francia pueda ser vicepresidenta». Y ¿qué representan Petro y Francia? Ambos pertenecen a familias de origen popular. Él fue guerrillero del M19 y después de los Acuerdos de Paz se involucró en partidos políticos de izquierda, de tal manera que no vienen de la tradicional élite política colombiana que ha gobernado el país por más de 200 años.
Ella, sí, Francia Márquez, mujer afro que representa a las y los excluíd@s, discriminad@s y marginad@s. Ella, una madre soltera, líder ambiental, abogada y técnica agropecuaria, que, como muchas mujeres en los países de nuestra América Latina, tuvo que trabajar como minera artesanal en las minas de oro y como empleada del hogar para sacar a sus hijos adelante y pagarse la carrera universitaria. Sí, ella, una mujer que encarna la lucha de muchas personas en Colombia que han estado lejos de los centros de poder.
Francia representó en las elecciones colombianas a las y los nadie y al mismo tiempo tan potentes, las y los que nunca son escuchados, que nunca son vistos, que siguen marginados porque son pobres. Los representó con una dignidad indiscutible, con la legitimidad de sus luchas colectivas. Se volcaron a apoyarla, porque fue ella su cara visible con quienes se comprometió a hacerles visible, a estar presentes, a ser alguien.
En una entrevista posterior a su triunfo, una reportera queriendo descalificarla le preguntó si irse a vivir a la casa de la vicepresidencia era «vivir sabroso», lema de su campaña que significa una filosofía de vida de las comunidades afrocolombianas, al respecto, ella contestó «para mí, vivir sabroso es vivir sin miedo, vivir en dignidad, vivir en paz». Francia ha luchado contra el colonialismo y se ha resistido al mismo, porque se piensa y actúa desde una posición que se reconoce como no dominada, ni social, ni cultural ni políticamente.
Petro y Francia llegan de afuera, de la política de izquierda, de la resistencia, de los márgenes. No son capitalinos como tradicionalmente venían siendo los presidentes de Colombia, por eso su mirada amplía las luchas sociales y culturales que atraviesan la clase, el género, la etnia y por supuesto, la paz.
Francia, una mujer afro e indígena, llega con demandas específicas a la vicepresidencia, ella quien repite constantemente «soy porque somos» y de esto hace viva la vivencia colectiva. Haber vivido como mujer, negra y empobrecida, dice ella misma, forma el carácter, porque la discriminación la lleva en carne propia. Se ha destacada por ser una líder en la defensa de su territorio y ello le valió la entrega del Premio Goldman, considerado como el Nóbel del medio ambiente.
En la segunda vuelta electoral Francia y Petro alcanzaron 2.7 millones de votos más, en zonas del Caribe y Pacífico y las grandes ciudades, incluso en zonas que se habían inclinado históricamente a votar por la derecha, ganaron con una propuesta de izquierda, contra el colonialismo y las desigualdades.
Las expectativas son grandes y los retos enormes, sobre todo en un periodo tan corto como son cuatro años, y Francia busca que, en el nivel más alto de gobierno, se traten los asuntos de género, se apuntale el trabajo contra las desigualdades étnicas y se atiendan los niveles de pobreza. Seguramente podrá empedrarse el camino hacia una Colombia nueva, más igualitaria y de paz.




