Ciudad de México a 4 abril, 2026, 8: 09 hora del centro.
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Ser docente

Julio Cortázar aportó que «ser maestro significa estar en posesión de los medios conducentes a la transmisión de una civilización y una cultura; significa construir, en el espíritu y la inteligencia del niño, el panorama cultural necesario para capacitar su ser en el nivel social contemporáneo y, a la vez, estimular todo lo que en el alma infantil haya de bello, de bueno, de aspiración a la total realización», y ello toma un especial significado en la actualidad, pues a unas semanas de iniciar un nuevo ciclo escolar, las y los docentes nos vemos enfrentados/as a encontrar una nueva forma de ejercer nuestra labor y a repensar lo que veníamos haciendo por muchos años. La pandemia de covid-19 y sus efectos —tanto en las escuelas, como en el sistema educativo y la sociedad— demandan redescubrir un nuevo modo de ser docentes y una nueva forma de relacionarnos con los contextos sociales y familiares de nuestros/as estudiantes. Hirmas y Cisternas plantean, al respecto, que «La pandemia nos plantea una posibilidad inédita para abrir las ventanas hacia el mundo y derribar los cercos de la escuela». Prevalece la crisis generada por la pandemia, y como todas, debe ser tomada como una oportunidad para replantearnos soluciones creativas, para reinventarnos y para transformarnos

Con profundo asombro —muchas veces acompañado de desesperanza— a través de las clases en línea se nos abrió la posibilidad de asomarnos a una realidad que en la escuela —como la conocíamos tradicionalmente— había estado oculta… así, se hizo evidente y aún más visible la enorme desigualdad e inequidad en la que hemos vivido, y que, por ende, la situación que ha permeado en nuestro sistema educativo, pues así como hay estudiantes que se  pudieron conectar desde sus casas sin dificultades, hay millones de estudiantes que no lograron hacerlo, o lo hicieron muy limitadamente, debido a las grandes dificultades económicas a las que se enfrentan ellos/as y sus familias. Por ello, las escuelas demandan generar aprendizaje propio, considerando ante todo que no podremos seguir avanzando y hablando de un futuro mejor sin preocuparnos por quienes se van quedando atrás, debido a la gran desigualdad que por siglos ha prevalecido en nuestra nación.

La pandemia significó, para muchísimas familias, una verdadera tragedia —ya sea por el impacto económico, por las consecuencias en salud o psicológicas o por haber perdido vidas de seres amados— y en el Ciclo 2022-2023 tenemos la oportunidad de volver a lo esencial y poner a nuestros/as estudiantes, al centro de nuestras preocupaciones y considerarles punto de partida, significado, camino y meta de nuestra labor. Para el personal docente, el teletrabajo ha significado una fuerte carga, no sólo laboral, sino también psicológica y una terrible complicación personal y familiar. Pese a lo anterior, para un gran número de docentes, la pandemia y las medidas que para el proceso enseñanza aprendizaje se tomaron, ha significado también una gran oportunidad para reinventarse y buscar distintas maneras de innovar en sus prácticas pedagógicas, asumiendo el gran desafío de brindar lo mejor de sí mismos/as, no sólo como profesionistas de la educación, sino como seres humanos.

Ante este histórico y coyuntural momento, cada docente debe repensar su función dentro del sistema educativo, como proponen Hirmas y Cisternas, «buscar como ensayar nuevos caminos por donde transitar en el futuro». Para empezar, cada profesional de la docencia debe tener la posibilidad de contar con una formación inicial de excelencia, que le lleve a reflexionar en todo instante si cuenta con una auténtica vocación y, en consecuencia, le permita apropiarse de los elementos para desempeñar su labor con profesionalismo y verdadera pasión. Se demanda, además, que nuestros/as docentes lean, dominen los medios de comunicación, manejen las redes sociales, sepan comunicarse y aprecien la música, el arte, el deporte… en fin, se requieren profesionistas con mente abierta, con capacidad de cambio, con aprecio por la diversidad y con alta capacidad de negociación. Tienen que conocer y dominar, además de los contenidos de las asignaturas que imparten —pedagogía, didáctica, ortografía, redacción y pensamiento matemático—. Conocer la historia de su ciudad, de su estado y de su país, tener una alta cultura general y ser disciplinado/a, reflexivo/a, inclusivo/a y altamente tolerante. Las y los especialistas han sido enfáticos/as: la escuela del Siglo XXI no es la que enseña, sino la que aprende, escucha respeta y permite que niñas, niños y jóvenes sean agentes de cambio y transformación… y esa eso es por lo que debemos trabajar todos y todas quienes tenemos la gran oportunidad de incidir y ser parte del Sistema Educativo de México.

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