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Sistema de cuidados, base y motor de la sociedad mexicana

En México, cuidar sostiene la vida, pero también —y esto es lo que hoy comienza a reconocerse con mayor claridad— sostiene la economía, la productividad y la cohesión social. El sistema de cuidados ha dejado de ser un asunto privado, para colocarse en el centro del debate público. El liderazgo de la presidenta Claudia Sheinbaum ha resultado decisivo para reconfigurar no sólo las políticas públicas, sino la manera en que la sociedad mexicana comprende el cuidado: como derecho, trabajo y responsabilidad colectiva.

Las cifras siguen siendo elocuentes. De acuerdo con el Instituto Nacional de Estadística y Geografía, (INEGI), las mujeres dedican en promedio casi el doble de tiempo que los hombres al trabajo doméstico y de cuidados no remunerado. Este desequilibrio histórico ha limitado nuestra participación en el mercado laboral, autonomía económica y desarrollo personal. Pero lo más relevante es que esa realidad —antes normalizada— hoy empieza a ser cuestionada. Se abre paso la idea de que el cuidado no es destino biológico, sino una construcción social que puede —y debe— transformarse.

Ese cambio de paradigma constituye uno de los mayores aportes del actual sexenio. Bajo la lógica de la Cuarta Transformación, el cuidado ha dejado de entenderse como una carga individual para asumirse como un asunto de justicia social. Implica reconocer que no puede seguir recayendo desproporcionadamente en las mujeres, sino que debe distribuirse entre Estado, comunidad, familias y sector privado. En este contexto, se han fortalecido políticas clave: la consolidación de pensiones para personas adultas mayores y con discapacidad, la ampliación de programas de atención a la primera infancia y el reconocimiento progresivo del papel de las personas cuidadoras.

Estas acciones no sólo tienen efectos materiales, también simbólicos. Nombrar el cuidado, visibilizarlo y colocarlo en la agenda pública implica desmontar décadas de invisibilidad. Como advierte Nancy Fraser, la crisis de los cuidados refleja una tensión estructural entre la lógica del mercado y la sostenibilidad de la vida. Corina Rodríguez Enríquez ha insistido en que el cuidado es un problema público que requiere respuestas colectivas. México, en ese sentido, comienza a transitar hacia un modelo que pone en el centro a las personas.

Sin embargo, quizá el cambio más profundo no está en las políticas, sino en la cultura. El sistema de cuidados no se transforma únicamente desde el presupuesto público, sino en los hogares, las escuelas, los centros de trabajo y la vida cotidiana. Se transforma cuando los hombres asumen corresponsablemente las tareas de cuidado, las instituciones facilitan la conciliación entre la vida laboral y familiar, y la sociedad deja de romantizar el sacrificio femenino como virtud. Los avances son significativos, pero también insuficientes frente a la magnitud del reto. La construcción de un Sistema Nacional de Cuidados plenamente articulado sigue siendo una tarea pendiente. Requiere financiamiento sostenido, coordinación interinstitucional y, sobre todo, una visión de largo plazo. Pero también exige algo más complejo: un cambio cultural profundo que reconfigure los roles de género y redistribuya el tiempo.

La propuesta concreta, acorde con la filosofía de la 4T, es avanzar hacia la creación de un Sistema Nacional de Cuidados con base territorial y comunitaria, que articule tres ejes fundamentales: servicios públicos universales, corresponsabilidad social y reconocimiento económico del cuidado. Esto implicaría, por ejemplo, el desarrollo de redes de centros comunitarios de cuidado infantil y de personas mayores en zonas urbanas y rurales, incentivos fiscales y laborales para empresas que implementen esquemas de corresponsabilidad y mecanismos de apoyo directo o seguridad social para personas cuidadoras. Este modelo no sólo responde a una lógica de bienestar, sino también de desarrollo. Invertir en cuidados genera empleo, dinamiza economías locales y libera tiempo para que millones de mujeres podamos incorporarnos plenamente a la vida económica, política y social del país. Es, en esencia, una política redistributiva que reduce desigualdades estructurales.

El sistema de cuidados es, en efecto, la base y el motor de la sociedad; en este momento histórico, también representa una oportunidad: la de consolidar un proyecto de nación más justo, más humano y solidario. Se trata de pasar de la conciencia a la acción, de los avances institucionales a la transformación cotidiana, de lograr que el cuidado deje de ser una carga desigual y se convierta en un pilar compartido del desarrollo nacional. Cuidar es un acto profundamente humano… y reconocer su valor, distribuirlo con justicia y sostenerlo colectivamente es uno de los pasos más trascendentes que puede dar una sociedad que aspira a transformarse desde sus cimientos.

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