«Yo como actor, fui pésimo; tú, como actriz, lo máximo»
Los Acosta
Dicen que en México todo se puede, excepto dejar de ver la telenovela de las 9. Y si, existió un melodrama en donde los créditos principales corrían a cargo de Televisa y el PRI, se tituló Soldado del PRI, y aunque no hubo una banda sonora oficial, bien puedo haberse adaptado el tema “Soldado del amor” interpretación de Mijares.
Dicho culebrón duró más que La Rosa de Guadalupe. Porque sí, aunque lo nieguen con cara de “yo ni fui”, el PRI y Televisa fueron uña y mugre, torta y refresco, papa y cátsup, Loret y el montaje, Peña y su copete…
Desde los tiempos del blanco y negro, cuando la televisión apenas gateaba, Televisa ya le hacía ojitos al PRI. Emilio Azcárraga Milmo, el mandamás de la televisora, soltó la joya: “Somos soldados del PRI y del presidente”. ¡Soldados! No camaradas, no socios… ¡soldados! Como quien dice: “usted mande, patrón, que aquí se obedece sin chistar”.
La frase fue pronunciada públicamente en mayo de 1982, cuando Azcárraga justificó el sesgo informativo de Televisa diciendo que el partido oficial y el gobierno “tenían más necesidad de comunicación” y que la televisora era “evidentemente soldado del presidente de la República y no de los demás”.
Y así fue. El PRI gobernaba, y Televisa lo adornaba. Si el presidente inauguraba una banqueta, ahí estaba la cámara. Si el PRI decía que todo iba bien, Televisa lo convertía en musical, o quién no recuerda el sonsonete de Juan Gabriel “Ni temo, ni Chente, Francisco va a ser el presidente, ni el PRD ni el PAN, el PRI es el que va a ganar” …” En este melodrama, las carcajadas fueron esbozadas por los de arriba, mientras que las lágrimas rodaron por las mejillas de los de abajo.
Y mientras el Pueblo, un amplio sector, veía Siempre en Domingo, el PRI hacía y deshacía. Porque cuando tienes el micrófono más grande del país, puedes convertir un escándalo en “malentendido”, una protesta en “desfile espontáneo”, una matanza en “un día soleado” y una gran mentira en una “verdad histórica”.
Pero como toda relación tóxica, el amor se desgasta. Llegó el año 2000, el PRI perdió la presidencia, y Televisa empezó a coquetear con otros partidos. Aunque en 2012, con Peña Nieto, volvieron como exes que se mandan mensajes a las 2 de la mañana.
Incluso, la televisora, se encargó de castear a distintitas actrices para encontrar a quien personificara el papel de primera dama de cara al 2012. De acuerdo con lo expresado por el periodista Jorge Ramos para el libro Confesiones desde el exilio: EPN, autoría de Mario Maldonado, la seleccionada para el coprotagónico habría sido en primera instancia la actriz y cantante Lucero. Meses después, la misma histrionista lo negó en entrevista para Ramos.
En conclusión. El PRI y Televisa fueron como esos compadres que se tapan sus pecados mutuamente, al meritito estilo de los tres alegres panaderos de la telenovela Fuego en la Sangre. Uno engañaba y el otro decía “no fue para tanto”. Pero el pueblo ya no está para cuentos. Hoy, con redes sociales, memes y más opciones, el guion lo escribe la gente. Y si Televisa quiere seguir en el juego, tendrá que dejar de ser soldado… y empezar a ser periodista.
Recomendación literaria; Nación TV: La novela de Televisa de Fabrizio Mejía Madrid.



