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T-MEC: la revisión comienza, ahora vienen los detalles

Que el proceso de revisión del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC) avance en tiempo y forma envía señales positivas para el futuro del acuerdo. Durante meses prevaleció la idea de que esta etapa podría implicar tensiones mayores o incluso poner en riesgo su continuidad; sin embargo, los hechos recientes parecen apuntar en otra dirección.

Este lunes 16 de marzo inició la primera ronda de conversaciones bilaterales entre México y Estados Unidos de cara a la revisión del tratado, lo que refleja disposición al diálogo y voluntad política para conducir este proceso en los términos en que fue concebido desde el inicio. De acuerdo con lo establecido en el propio T-MEC, cada seis años las partes deben evaluar su funcionamiento para actualizar disposiciones, identificar áreas de mejora y decidir sobre su extensión, con el objetivo de adaptar el acuerdo a las nuevas realidades económicas de la región.

No obstante, más allá de las señales positivas que envía el arranque de estas conversaciones, como dicta el refrán, “el diablo está en los detalles”. Será precisamente en las negociaciones técnicas donde cada país pondrá sobre la mesa sus prioridades y preocupaciones, particularmente en sectores estratégicos.

No es casualidad que uno de los temas que se perfila como eje central del proceso sean las reglas de origen. Estas disposiciones establecen los criterios que determinan cuándo un bien puede considerarse producido en América del Norte y, por lo tanto, acceder a los beneficios arancelarios del tratado. En esencia, definen el porcentaje de contenido regional que debe tener un producto para comercializarse entre los tres países sin pagar aranceles. De su definición dependerá el grado de flexibilidad o restricción para el intercambio de bienes dentro de la región, así como la configuración de las cadenas productivas que sostienen buena parte de la competitividad de América del Norte.

Precisamente por ello, la revisión también representa una oportunidad para incorporar a la negociación las prioridades de los distintos sectores productivos del país. Con ese propósito, México llevó a cabo un proceso de consultas públicas cuyos resultados fueron recientemente dados a conocer por la Secretaría de Economía, encabezada por su titular, Marcelo Ebrard.

Los resultados muestran un respaldo claro al acuerdo. El 78.5 por ciento de los sectores económicos consultados se manifestó a favor de la renovación del T-MEC y coincidió en que la revisión debe orientarse a fortalecer la cooperación económica de América del Norte sin alterar los compromisos fundamentales del tratado. En otras palabras, la prioridad no parece ser modificar sus capítulos sustantivos, sino afinar su implementación y consolidar un entorno de certidumbre que favorezca la competitividad regional.

Si hubiera que identificar un tema transversal y recurrente en prácticamente todas las mesas de consulta, las reglas de origen aparecen nuevamente como un asunto central.

Las percepciones, sin embargo, varían según el sector y la región. Industrias ubicadas en el norte y centro del país, como la automotriz, electrónica y metalmecánica han señalado como principal preocupación mantener las reglas actuales sin endurecerlas. En contraste, regiones menos industrializadas, particularmente en el sur-sureste, plantean la necesidad de contar con esquemas más flexibles que reconozcan las limitaciones de muchas pequeñas y medianas empresas para cumplir con los requisitos actuales, sobre todo cuando no existen proveedores regionales para ciertos insumos.

En ese contexto, la revisión del T-MEC y el análisis de temas técnicos como las reglas de origen serán determinantes para medir el alcance real del proceso. De su definición dependerá no solo el fortalecimiento de sectores consolidados, sino también las oportunidades de desarrollo para nuevas industrias dentro del país.

El desafío será encontrar un equilibrio que permita preservar la integración económica de América del Norte y atender las prioridades de desarrollo nacional que expresan los distintos sectores productivos que participan en el tratado.

 

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