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Violencia en el contexto escolar

Existen aspectos en el ámbito escolar que deben ser atendidos de forma urgente, debido a los múltiples daños que ocasionan: la violencia es uno de ellos. Y aunque resulte difícil, es necesario admitir que la violencia escolar no es un hecho aislado, y que inclusive está asociado a otros tipos de violencia. Es un fenómeno que es necesario analizar, atender y resolver. En el ámbito escolar, la violencia puede ser entendida como cualquier acción que ocurra y se geste en y desde la escuela, dificultando su finalidad educativa y lesionando la integridad de algún miembro de la comunidad escolar, por lo que es imperativo abordar el tema con total compromiso, aceptando que no es posible hablar de violencia escolar de forma aislada, sin establecer nexos entre lo público y lo privado, hilvanando comportamientos colectivos e individuales y entretejiendo aspectos del ambiente familiar y comunitario, sin aludir a las diferencias de género y a las historias de vida de quienes agreden o son víctimas de agresiones, y por supuesto, sin considerar muchos otros factores, como la cultura, las relaciones interpersonales, etc. Si sólo se observa la violencia escolar, únicamente se estaría considerando una pequeña parte de un problema mucho más amplio, en donde los tipos de violencia se influyen mutuamente. Ortega aportó que es un modelo de relación desigual entre aquellos (as) de quienes se espera una relación igualitaria.

Por lo anterior, para comprender la violencia escolar y/o bullying, es preciso conocer el contexto en donde se desarrollan las personas, investigar si han vivido otros tipos de violencia –en su familia de origen o en su comunidad–, determinar si los estereotipos de género que siguen arraigados, entre otros muchos factores. La violencia escolar —de acuerdo con lo que se ha determinado por medio de diversas investigaciones— es un reflejo de la que se vive en otros espacios cercanos; por ello, es necesario trabajar de manera conjunta (profesional, personal, social, cultural), para crear entornos familiares más saludables. Además, se requiere de autoridades capacitadas en el tema, comprometidas y fuertes, que garanticen que las normatividades sean puestas en práctica, las leyes sean respetadas y se establezcan medidas más efectivas. Un aspecto relevante siempre será considerar las condiciones de género, ya que aún cuando las desigualdades y prácticas culturales han reproducido situaciones de violencia tanto para mujeres como para hombres, su concepción es diferente y, por lo tanto, nos ha afectado y afecta de diversas formas.

La violencia escolar, lamentablemente, forma parte de la realidad cotidiana de las instituciones educativas. Es un tema que ha adquirido protagonismo gracias a la frecuencia con que se presenta y a las consecuencias personales, familiares y sociales en que deriva, lo que conlleva aceptar que se trata de un fenómeno cuya complejidad no puede ser analizada con una sola perspectiva, metodología o enfoque. Por todo lo anterior, para entender la violencia escolar, es obligatorio considerar una reflexión colectiva donde se visualicen los factores que la influyen, pero también aquellos que pueden prevenirla.

La mayoría de las investigaciones sobre violencia escolar se centran en el estudio del fenómeno conocido como bullying traducido como “acoso escolar entre iguales”. Sin embargo, es sólo uno de los tipos de violencia interpersonal que acontecen en los centros educativos, por lo que puede afirmarse que la violencia escolar no es exclusivamente el bullying, sino otros tipos de violencia esporádica, violencia del alumnado a docentes, entre docentes, y entre personas inmersas en el ambiente escolar. Díaz-Aguado aportó que “La violencia está basada en la desigualdad y el abuso de poder. Es un comportamiento culturalmente aprendido que implica una direccionalidad y una intencionalidad de controlar, imponer, manipular o dañar a otros”.

Una buena manera de empezar a combatir la violencia escolar es conocer y relacionarnos afectivamente con niñas, niños y adolescentes… saber distinguir a aquellos (as) que pueden haber sufrido directa o indirectamente signos de violencia o haberla visto.  Debemos apostar por la prevención, estar atentos (as) y actuar ante el primer signo de violencia. Ante algún alumno o alumna violenta, lo mejor es actuar con firmeza, pero con afecto, fomentando su integración y nunca su discriminación, ya que esta última sólo sería un motivo más para fomentar su violencia. Debemos cuidar todos los espacios dentro de nuestras escuelas, y estar pendientes e incidir en los espacios familiares y sociales de nuestro alumnado, pues la violencia en el ámbito escolar no genera únicamente daños en ese espacio, sino que trasciende y determina —por mucho— limitantes para el progreso de la sociedad.

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