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Un día tuve el privilegio de sentarme a la mesa con el gerente de la sucursal Narvarte de La Casa de Toño. Entre otras cosas, platicamos de la frenética experiencia que significa comer ahí.

Si alguna vez has ido, sabrás que te toman la orden a toda velocidad, los meseros corren de un lado a otro con charolas repletas de platos con pozole, y ya te están llevando la cuenta cuando ven que te estás saboreando la última puntita de tu quesadilla.

La razón es muy simple: la demanda. En un fin de semana, cada sucursal puede recibir entre 2 mil y 2 mil 500 personas, así que depende de la eficacia del servicio que esta cifra se mantenga o incremente. 

Todo el personal recibe una intensa capacitación, en la que aprenden calidad de servicio, detalles sobre el menú, trabajo en equipo y destreza para moverse con facilidad entre sillas, mesas y personas hambrientas.

Su objetivo es servir tu comida en máximo siete minutos, que es el tiempo que tarda la cocción de la masa de un sope o quesadilla. 

La próxima vez que visites La Casa de Toño piensa en que, una vez que tomen tu orden, se ejecuta una perfecta coreografía en las cuatro áreas de la cocina: pozoles, bebidas, quesadillas y postres para que comas en máximo 40 minutos y nuevos comensales puedan ocupar tu lugar.


La Casa de Toño, varias sucursales

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