En este momento nos encontramos con espacios ocupados por la maldita incertidumbre ante los diversos escenarios que en el corto plazo se pueden suscitar a causa de la pandemia, sin embargo, estamos también por entrar en una cotidianidad advertida pues nos previnieron desde hace tiempo para una nueva normalidad; quizá habíamos tenido el tiempo de disfrutarla, aceptarla o digerirla, dependiendo del lado de la Historia en que nos encontremos situados.
El sábado por la tarde el Presidente Andrés Manuel publicó el ensayo ‘La nueva política económica en tiempos de coronavirus’ y con honestidad afirmo que no leí nada que no lo hubiera escuchado decir con anterioridad, lo cual no es naturalmente malo sino que se vuelve enfático en aprovechar la oportunidad de una mayor presencia del Estado en los asuntos inherentemente públicos. De esa propuesta en forma de ensayo les comparto cómo considero será la nueva normalidad.
En la nueva normalidad democrática se alienta la responsabilidad cívica y la participación del Pueblo en los asuntos públicos en acciones como ‘La escuela es nuestra’ donde el recurso público se transfiere directamente a la asamblea de padres de familia quienes colectivamente deciden cómo se ejercerá el recurso, redistribuyendo la riqueza a la vez que se atienden problemas sin resolver sin que la partida vaya disminuyendo en cada escalón burocrático.
En la nueva normalidad los tomadores de decisiones públicas comprenden que la paz es fruto de la justicia y que sería imposible conseguir esta última si se continuaran perpetuando las desigualdades. Si los programas sociales no llegan al 70% de los hogares será imposible consolidar los derechos que den por resultado la disminución de la violencia.
En la nueva normalidad el servidor público comprende que solo actuando con integridad y combatiendo la corrupción se puede contar con la autoridad política y moral para el que el Gobierno reciba el respaldo popular en decisiones cruciales. Sin legitimidad hubiera sido imposible salir bien librados de la batalla mediática luego de anunciar que no habría rescates ni endeudamiento en esta crisis económica.
En la nueva normalidad el servicio público dejó de ser un órgano ostentoso, en los aparatos burocráticos sus miembros se saben resignados a vivir en la honrosa medianía pues no gobiernan las voluntades caprichosas y menos aún con un Pueblo viviendo en miseria. Nunca más se improvisarán fortunas a costa del erario.
En la nueva normalidad no consideramos meritocrático ni producto del esfuerzo que en el mundo existan dos mil personas acumulando una riqueza de 8 billones de dólares, equivalente a 32 años el presupuesto de México. Por eso defendemos que de nada sirve hablar o presumir el crecimiento económico sino se logra consolidar, en palabras del Presidente Andrés Manuel, un Estado de Bienestar para garantizar que los pobres, los débiles y los olvidados encuentren protección ante incertidumbres económicas, desigualdades sociales, desventajas y otras calamidades, donde todos podamos vivir sin angustias ni temores, procurando la protección de las personas a lo largo de la vida, haciendo realidad el derecho a la alimentación, al trabajo, la salud, la educación, la cultura, la vivienda y la seguridad social.



