La migración es un fenómeno que existe desde que inició la vida. La naturaleza misma exige procesos migratorios para la supervivencia de las especies. Pero más allá de la visión naturalista de esta situación, la política internacional ha provocado que millones de personas, de diferentes países, busquen una mejor calidad de vida en un país en el que son ajenos, pero las oportunidades laborales ofrecen mejores salarios que en su lugar de procedencia.
Si observamos la nacionalidad de quienes emigran, de esas personas “extrañas” que pasan por nuestras calles, vemos que son países en situación de violencia extrema, de crisis económica, de guerra, de inestabilidad, es decir, no dejan su país por gusto. No van buscando un trabajo para comprar marcas de lujo: NO. La migración se ha vuelto un asunto de sobrevivir.
Son familias enteras, mujeres con sus hijos e hijas y hasta niñas y niños sin compañía adulta, quienes transitan por el país y, Oaxaca se ha vuelto una aduana obligada por su situación geográfica. Este flujo migratorio ya colapsó la capacitad de atención de un pueblo como Tapanatepec, pues había más migrantes que el número de personas que habitan el lugar, esto nos ha tomado por sorpresa, provocando conductas de rechazo hacia los extranjeros, hacia los diferentes. Además que un estigma social pesa sobre ellos, creemos que incrementan el índice delictivo, pero ese tipo de estereotipos solo nos deshumaniza como sociedad.
Este se ha vuelto un asunto de Estado, que debe ser atendido para que no caigamos en la xenofobia ni la indiferencia. Las políticas públicas tendrán que considerar el tema migratorio como una realidad de nuestro contexto social e histórico que debe atenderse para el trato humano hacia los migrantes y que el paso de estos no impacte negativamente a nuestra comunidad.
Cambiando de tema, esta semana fuimos testigos de un hecho histórico en el que Rita Bell López Vences, oaxaqueña de nacimiento y formación, se convirtió en consejera del Instituto Nacional Electoral (INE) un organismo sumido en la polémica que se coloca en vías de reconstrucción, lo vemos con la llegada de la primera presidenta de este instituto, además que, por primera vez, son más mujeres que hombres como consejeras.
La importancia radica en que estamos a un año de las elecciones presidenciales que marcarán el rumbo del país en los próximos seis años. El pueblo busca la continuidad de la Cuarta Transformación, pero principalmente del proyecto obradorista que ha visibilizado los grupos y sectores olvidados durante años y que hoy se reivindican social y económicamente.
Esa es la ruta que debería seguir nuestra democracia y el INE, a pesar del rechazo del Plan B, tendrá la responsabilidad de vigilar y sancionar el proceso para que la voz de la ciudadanía tenga un reflejo real y confiable en las urnas.