En un escenario de confrontación política en la Ciudad de México, las nuevas autoridades aún no asumen formalmente, pero las tensiones ya son palpables. Jesús Sesma, futuro coordinador de la bancada del Partido Verde en el Palacio de Donceles, ha sido señalado por su incapacidad para promover un diálogo real entre los alcaldes electos de Morena y la oposición. En una reciente reunión plenaria, su decisión de dividir a los participantes exacerbó las diferencias y mostró una falta de liderazgo y habilidad para manejar situaciones críticas.
La estrategia de Sesma de separar a los alcaldes de Morena y la oposición, bajo el pretexto de reducir tensiones, ha sido vista como una maniobra política que sólo agrava la desunión. En lugar de fomentar la colaboración, su enfoque ha sido criticado por ambos bandos, mostrando una debilidad en su capacidad para ser un verdadero puente entre las fuerzas políticas. Las críticas no se hicieron esperar, y su postura conciliadora ha sido interpretada como un intento fallido de controlar una situación que se le escapa de las manos.
Además, la presencia de figuras controvertidas como Alessandra Rojo de la Vega en la misma mesa ha complicado aún más el panorama. Sesma, en lugar de mediar de manera efectiva, ha permitido que las diferencias se acentúen, perjudicando la posibilidad de un trabajo conjunto en la próxima Legislatura. La ciudadanía exige unidad y colaboración, pero la actuación de Jesús Sesma ha dejado claro que no está a la altura del desafío, poniendo en riesgo la estabilidad y el progreso en la capital del país.











