En lo que ya parece más súplica que estrategia, el dirigente nacional del PRI, Alejandro “Alito” Moreno, volvió a reconocer —aunque sin decirlo directamente— que Morena es una fuerza política imparable. En entrevista con Adela Micha, el líder tricolor pidió a gritos una nueva coalición opositora, pues sin ella, dijo, no hay forma de derrotar al movimiento encabezado por Claudia Sheinbaum.
Los ejemplos que dio no ayudaron mucho: en Durango, Morena ganó municipios sin necesidad de alianzas; y en Veracruz, donde también compitió solo en varios municipios, se llevó 11. Lo curioso es que lejos de presumir triunfos, Moreno parece aceptar que ni todos los partidos de oposición juntos logran hacerle sombra a Morena en muchos estados.
“Divididos le damos ventaja a Morena. Así de sencillo”, escribió en sus redes sociales, como quien lanza un SOS político. Lo que no dice es que la llamada alianza opositora está más desgastada que nunca, llena de divisiones internas y liderazgos sin rumbo.
La desesperación es tal, que Alito advierte que sin una coalición, terminarán compitiendo entre ellos mismos, debilitando aún más a una oposición ya desfondada. Mientras tanto, Morena avanza con unidad, organización y una clara legitimidad popular.
Más que un llamado estratégico, las declaraciones de Moreno parecen una confesión: Morena, con o sin aliados, sigue siendo la representación y voluntad del Pueblo, y la oposición no tiene con qué dar la batalla, a menos que se junte… y aún así, la tienen difícil.












