Una imagen dice más que mil palabras. Y la que circuló este fin de semana deja mucho qué pensar: Lorenzo Córdova, exconsejero presidente del INE, apareció sonriente en una cena de gala organizada por la American Society en honor al embajador de Estados Unidos en México, Ronald Johnson.
A su lado, figuras del PAN como el dirigente y líder del cártel inmobiliario Jorge Romero y el plurinominal Ricardo Anaya.
¿Qué hace ahí Lorenzo Córdova?
¿Va como ciudadano, como académico, como político en ciernes o como operador de intereses ajenos al pueblo de México?
Lorenzo Córdova, quien durante años pidió “neutralidad” y “respeto a las instituciones”, hoy aparece entre quienes buscan restaurar el viejo régimen, de la mano de diplomáticos extranjeros y partidos que perdieron el respaldo popular.
No es la primera vez que el exconsejero se acomoda entre las élites. Lo ha hecho antes. Pero esta cena, con ese contexto y esos comensales, deja claro que su neutralidad fue siempre selectiva.
¿Representa a México? Difícilmente.
Lo que representa es una forma de hacer política a espaldas del pueblo, con vino tinto, moño negro y discursos vacíos sobre democracia.


