Unos minutos en la Embajada de Estados Unidos en España bastaron para frustrar el esfuerzo de siete meses de Kian, un estudiante iraní de 14 años del Instituto Severo Ochoa, en Alcobendas. El joven había sido seleccionado para representar a la Comunidad de Madrid en un programa educativo de la ONU en Nueva York, pero su visa fue rechazada bajo argumentos de seguridad relacionados con la “protección contra terroristas extranjeros”.
Kian no era un participante más. Su selección fue resultado de un exigente proceso en el que superó a más de 1,600 alumnos de tercero de secundaria, tras evaluaciones que incluyeron entrevistas y debates sobre temas globales complejos, como el uso de la modificación genética para combatir el hambre en el mundo.
El programa, conocido como Global Classrooms, es una iniciativa educativa de Naciones Unidas en la que participan decenas de escuelas públicas de Madrid, con el objetivo de fomentar habilidades diplomáticas, pensamiento crítico y conciencia global entre los estudiantes.
El joven, que domina cuatro idiomas —español, inglés, persa y alemán— y cuenta con un historial académico sobresaliente, expresó su frustración ante la decisión. “Es injusto que no pueda ir solo por mi nacionalidad. Estoy perdiendo una oportunidad por algo que escapa a mi control”, señaló durante una clase en su escuela.
El caso ha generado cuestionamientos sobre las políticas migratorias y de seguridad de Estados Unidos, especialmente cuando afectan a menores de edad en contextos educativos. Mientras tanto, el sueño de Kian de representar a su comunidad en un foro internacional quedó suspendido, no por falta de mérito, sino por restricciones que trascienden su esfuerzo personal.








