sábado, 25 abril 2026
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A 7 años del inicio de transformación nacional

Lo que no han entendido los opositores es el hecho de que su proyecto de país (el neoliberal) ha fracasado en México y eso quedó firme cuando los mexicanos le brindamos el apoyo con el voto y la confianza a Andrés Manuel López Obrador en el 2018 para trazar una ruta alternativa para el país, y fue refrendado con más contundencia en el 2024 con la elección de Claudia Sheinbaum como primera presidenta de México.

Sin embargo, darle forma a esta ruta alternativa denomina la Cuarta Transformación no ha sido una tarea sencilla. Hay que tener en cuenta que el proyecto debe anclarse política, social y económicamente. Se ha avanzado sobre estos tres ejes articuladores, pero aún queda trabajo por hacer para que este Proyecto Alternativo de Nación se consolide.

A lo largo de estos años, hemos visto altibajos, prueba y errores, claros y oscuros, pero eso es en parte entendible. Ningún cambio político supone caminos tersos, por el contrario, nuestros discursos (a veces muy idealistas) suelen toparse con una realidad jurídica, burocrática y económica adversa a lo que pensamos que podría realizarse en lo inmediato. Para decirlo de otra forma, no todos remamos el barco con el mismo ímpetu o ganas, y peor, no todos los capitanes tienen el mismo destino como meta. No obstante, el barco avanza.

Socialmente existe el apoyo, pero desorganizado. Vemos que se requiere de acciones sociales genuinas que estructuren políticamente la opinión y las demandas. Existe un arrastre popular hacia Morena, pero no existen organizaciones sociales que construyan en nuevo entramado de soporte del proyecto político. Sí vemos apoyo de sectores sociales, pero no una organización u organizaciones que incidan en la agenda política de manera contundente dentro de Morena.

En el plano económico, la Cuarta Transformación ha sido cuidadosa a diferencia de los gobiernos neoliberales. Cuando los neoliberales introdujeron el modelo al país sobrevino una crisis económica, una devaluación dónde muchos mexicanos perdieron su patrimonio y la aparición de una deuda que aún se sigue pagando. La entrada de Morena al gobierno, en el plano económico, se realizó con más tiento, pues no se reprodujeron crisis agudas o caídas abruptas del peso mexicano frente al dólar, ni mucho menos se ha endeudado al país ante los entes financieros todopoderosos.

Se optó por un manejo de la economía más responsable, no hubo disrupción en la economía de mercado, pero sí, sobre todo ahora con Claudia Sheinbaum, una apuesta muy fuerte al fortalecimiento de la infraestructura y mercados nacionales, estrategia que pude dar resultados en el mediano y largo plazo.

En la cuestión política, vemos un partido mayoritario que consolida su dominio democrático, pues se somete a las urnas, y una oposición sumamente debilitada, moralmente derrotada e incluso tendiente a desaparecer. Lo controversial es la estrategia que han tomado en estos últimos meses, pues han optado por retraerse en el plano político y golpetear, victimizándose en sus derrotas, pues los números no les dan, apelando a narrativas perversas y tratando de aprovechar la pérdida de memoria del mexicano, pues cuando ellos mismos fueron gobierno no se ocuparon de las grandes masas que dejaron empobrecidas por la abnegación de sostener su proyecto, enfocado en el enriquecimiento de unos cuantos.

Sin embargo, aún existen tareas pendientes para reforzar el ideal de transformación que se tiene para el país. Avanzar en la democracia social, la justicia para todas las comunidades indígenas, sobre todos para los sectores más marginados. Se han avanzado de manera importante en muchos ámbitos, incluso con cambios de estrategias.

Rectificar conforme se avanza es mejor que negarse a modificar un camino cuando este no está dando resultados. Aceptar cuando hay errores y rectificarlos tiene sus costos, pero el soporte nacional que ha obtenido Morena a lo largo y ancho del país es contundente y claro. Los mexicanos no desean regresar a la era gobernada por el PRI y PAN.

Aunado a lo anterior, y es algo en lo que se ha insistido en diversas columnas, es en establecer una agenda local y municipal que les brinde a los gobiernos locales una guía para consolidar las transformaciones a lo que le llamamos el nivel subnacional. No es una tarea sencilla, pero se tiene que trazar una política que anteponga el interés común a los movimientos de grupo o jugadas de camarillas en el uso del gobierno local.

Los gobiernos locales y municipales tienen ahora un papel protagónico en la transformación del país y es materializarla, sin descuidar los ejes expuestos: el social, el político y el económico.

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