Por: Gustavo Medrano Ortiz
Todas las civilizaciones de la antigüedad alrededor del mundo se organizaron de diferente manera para construir cultura, formas de gobierno, producción de alimentos y su comercialización en el mercado. Por medio de la violencia algunas civilizaciones construyeron imperios: romano, azteca, francés, español, británico, portugués. Todos ellos cayeron.
Desde que Estados Unidos existe como país, ha estado en constante expansión, lo cual ha conseguido mediante la compra de territorios (Louisiana, 1803 y Florida,1819), anexión (Oeste de Florida, 1812), invasiones (México, 1847) y sometimiento económico y político (Puerto Rico). Recordemos y analicemos la historia de la humanidad:
Los imperios existen por y para la explotación de los recursos naturales y otras civilizaciones o sociedades; todo ello para su aprovechamiento en el mercado internacional, por un grupo reducido de personas, es decir, de una clase dominante sobre otra. Después de la guerra fría, se estableció en el mundo la hegemonía de Estados Unidos en su fase imperialista como fuerza militar, económica y comercial. Pocos países pueden presumir de no estar alineados a sus políticas y mercado.
Hoy en día vivimos en un mundo globalizado en el que las reglas del mercado internacional y la división de trabajo, hecho a imagen y semejanza de Estados Unidos, cambian a una velocidad vertiginosa. Durante los últimos 40 años el neoliberalismo y sus referentes como Milton Friedman, pregonaron la defensa a ultranza del libre mercado, la no intervención del estado y que la libre competencia entre privados garantizaría la mejor calidad de productos y servicios en el mercado, así como los mejores precios. Dicha postura económica era la fórmula de la prosperidad de la humanidad. Nada más falso.
Los últimos acontecimientos globales causados por el narcisista Donald Trump, como el secuestro de Nicolas Maduro presidente de Venezuela, con el objetivo de tomar por la fuerza el comercio petrolero de ese país; el intento de invasión y anexión de Groenlandia, para impedir que las embarcaciones mercantes Rusas y Chinas ingresen productos en el hemisferio occidente, así como la presión de Washington a Panamá para bloquear el paso de buques mercantes Chinos por el Canal de Panamá, configuran una serie de esfuerzos desesperados, pero glorificados por Trump, por impedir el avance de los productos Orientales en el mercado internacional.
Aquí valdría mucho la pena detenernos a reflexionar sobre el “libre mercado”. Si los productos chinos, como computadoras, celulares, autos, scooters, bicicletas eléctricas, por mencionar un pequeño puñado, garantizan calidad y accesibilidad, pero esto se ve coartado para existir en el mercado por la potencia norteamericana ¿realmente existe el libre mercado? ¿Qué nos dice la participación del gobierno norteamericano tratando de limitar el comercio de otro país?
Todos los economistas neoliberales que creyeron en esta postura ideológica de mercado pueden sentirse engañados. Queda demostrado que el «libre mercado” fue una campaña de marketing y de guerra para que los países del mundo, sin importar en que latitud se encontrasen, abrieran sus fronteras para el ingreso indiscriminado de las industrias y productos de Estados Unidos y para la eliminación de requisitos legales para la explotación de los recursos naturales por parte de las trasnacionales.
El «libre mercado» ya no sirve a los intereses del capitalismo y de la oligarquía norteamericana, pues en ese terreno China ha tenido mayor presencia y su dominación y hegemonía es una realidad. La reindustrialización de Estados Unidos, el bloqueo del mercado a China en el hemisferio occidental y la nueva división del trabajo son los esfuerzos desesperados del imperialismo norteamericano por no caer estrepitosamente como los otros imperios, pero al mismo tiempo se convierten en materia de prospectiva política y económica que serán factores determinantes en las negociaciones del T-MEC. Momento histórico en el que México habrá de repensar qué hacer con la industria nacional.
Por otro lado, China nos invita a repensar el mundo del futuro. Un mundo multipolar.
@GustavoProgres
Guerrerense, politólogo, derecho humanero, post-capitalista.



