Citlalli Hernández Mora dejó la Secretaría de las Mujeres —el cargo que ella misma describe como el mejor trabajo de su vida— para atender una urgencia mayor: evitar que Morena llegue al 2027 convertido en un partido irreconocible.
La Presidenta Claudia Sheinbaum le encargó volver a la cúpula del partido para presidir la Comisión de Elecciones y coordinar alianzas, en un momento en que la dirigencia interna muestra fracturas visibles y la relación con los socios PT y PVEM está al límite.

En entrevista con EL PAÍS, Hernández fue clara sobre los criterios que guiarán la selección de candidatos para la elección intermedia: honestidad, arraigo con la gente y compromiso con el proyecto de transformación. Quien arrastre escándalos, haya tenido un mal gobierno o solo busque el cargo para beneficio propio, quedará fuera.
«No solo importa ganar en 2027, sino que quede claro que Morena sigue siendo un partido de gente buena, de gente honesta», afirmó.
Hernández también fue directa sobre el nepotismo detectado en estados como San Luis Potosí, Guerrero y Zacatecas: Morena no avalará candidaturas de familiares de funcionarios en ejercicio, sin importar su competitividad electoral.
Sobre la fragmentación interna, aseguró que el diálogo será su principal herramienta y que la Comisión de Honestidad y Justicia deberá actuar de oficio ante conductas contrarias a los principios del partido, llegando a sanciones si los exhortos no son suficientes.
La dirigente, quien a los 25 años ganó su primera campaña legislativa con apenas 25 mil pesos, lleva más de una década construyendo su trayectoria desde abajo. Ahora regresa al partido con una convicción: el mayor riesgo para Morena no viene de la oposición, sino de quienes lo usan como escalera.










