El periodista Jesús Esquivel ha desatado polémica con su más reciente libro: Los cárteles gringos: la crisis del fentanilo en Estados Unidos y el fracaso de la DEA para combatirla, en el que lanza una dura crítica a la narrativa oficial estadounidense sobre el narcotráfico.
A diferencia de lo que pregonan figuras como Donald Trump, Esquivel sostiene que el narcotráfico en EE.UU. no está controlado por los cárteles mexicanos, sino por ciudadanos estadounidenses, en su mayoría hombres blancos, que operan con impunidad dentro del país.
La afirmación no es menor. Basado en testimonios y documentos oficiales, el libro expone que el 95% de los narcotraficantes en territorio estadounidense son ciudadanos del propio país, según declaraciones del exagente especial de la DEA, John Callery.
“Es el tipo que maneja las drogas cuando cruzan la frontera y el que las vende en California”, dice Callery. Añade que, aunque hay participación de personas mexicanas o centroamericanas en la frontera sur, la mayoría de quienes venden, distribuyen y ganan millones dentro del país son estadounidenses.
Pero el libro va más allá: señala a las grandes farmacéuticas como los verdaderos “cárteles gringos”. Esquivel recoge las denuncias de que los ejecutivos de las compañías farmacéuticas son responsables directos de la epidemia de fentanilo, una crisis que ha provocado la muerte de cientos de miles de personas y que inició con la distribución legal de opioides altamente adictivos.
A pesar de las pruebas, ningún empresario ha sido detenido. “Los mayores narcotraficantes en la historia de EE.UU. son los CEOs de esas farmacéuticas. Hombres blancos, respetados y libres”, denuncia el libro.
La obra de Esquivel desmantela la narrativa racista que responsabiliza a México del problema de drogas en EE.UU. y exhibe la doble moral de un país que exige resultados en el extranjero, pero protege a sus propios criminales de élite.



