Ciudad de México a 19 febrero, 2026, 3: 13 hora del centro.
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7: integridad, perfección, renovación

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El 7, en la cábala, tiene muchos significados: representa ciclos completos como la creación y la finalización de la tierra; el camino a la sabiduría, la introspección y la verdad (también evocando el misticismo judío).

Es común, al cerrar cada año, empezar nuestra introspección sobre qué hicimos, si los proyectos se concretaron, o el camino fue el correcto; intentando justificar lo que nos faltó y prometiéndonos mejorar. Pero ¿qué hay más allá del ser unilateral? El concepto filosófico de la «otredad» es introducido para entender cómo las personas construyen su propia identidad a través del encuentro con la “diferencia” (en el entendido que, en comunidad, hay diversidad).

Traigo esta reflexión a colación por el singular festejo que la clase política en el gobierno presumió a inicios de diciembre, con los hashtags #7añosDeLaTransformación o #7AñosDeBienestar.

Concedo razón, en virtud de que hay pruebas vivas que siete años bastaron para demostrar que cuando el Estado deja de mirar desde arriba y empieza a escuchar desde abajo, el país cambia. Bajo el liderazgo del Presidente Andrés Manuel López Obrador, México inició una etapa inédita: por primera vez en décadas, la política pública se diseñó desde la realidad de la gente y no desde los escritorios. Esto, apegado al principio: “Por el bien de México, primero los pobres.” Ese lema no fue eslogan: fue compromiso, dirección y mandato popular.

Se dice que la Cuarta Transformación rompió con el esquema de beneficiar a unos cuantos; puso fin a la narrativa del “goteo” económico y se apostó por la distribución directa, sin intermediarios, con total prioridad en quienes siempre habían quedado al margen. Y ello, no puede juzgarse de asistencialismo, sino de justicia.

Ejemplos de esta significativa reivindicación popular, se lee en los informes del INEGI: la pobreza extrema disminuyó de 9.1 a 7.0 millones de personas. Luego, según la narrativa de economistas, esta transformación se cristalizó gracias a la estrategia de programas de bienestar que corrigieron desigualdades estructurales: Jóvenes Construyendo el Futuro, ofreciendo capacitación laboral a cientos de miles de jóvenes; Pensión Universal para Personas Adultas Mayores -elevada a rango constitucional- y la de Personas con Discapacidad, que es una manera de asistir las labores de cuidados.

No dejemos de lado, la recuperación del salario mínimo que, tras años de estancamiento, pasó de $88.36 en 2018 a $248.93 en 2025, lo que representa un aumento de más de 180%. Esto contracorriente de los “comentócratas” que vociferaron la desestabilización de la economía (el dólar este mes en $17.98); por el contrario: el país creció y la clase trabajadora recuperó poder adquisitivo.

Por su parte, las Vacaciones Dignas, duplican el mínimo legal de 6 a 12 días en el primer año de trabajo, señal clara que México avanza hacia un modelo laboral más humano y acorde con los estándares internacionales.

Las juventudes, igualmente están incluidas, contamos con “prepas cerca de la casa” y universidades públicas en zonas olvidadas. Hospitales y clínicas reconstruidas, caminos artesanales en comunidades indígenas, sistemas de agua potable que procuran salud y vida digna.

Tales obligaciones gubernamentales, a partir de diciembre de 2024, pasaron a manos de la señora Presidenta Claudia Sheinbaum Pardo, mujer sensible y dotada de visión —técnica, social y humanista— que bosqueja continuidad e inclusión.

Finalmente, me ligo al inicio de este texto, para exaltar que cambios profundos no dependen únicamente de instituciones, sino de personas sensibles, que comprendan el significado y fuerza de la hermandad en una nación, así como el verdadero sentido del bien común, que indiscutiblemente incluye los ámbitos material, espiritual y colectivo.

Como yo lo veo, la evocación del 7 tiene cabida, porque curiosamente y con sus claros-oscuros, la gobernanza se volvió horizontal -persona a persona-; lapso de renovación donde se reconstituyó la integridad y la dignidad. Y aunque no todo es perfecto (en el contexto mundano), es destacable que ahora se mira al prójimo.

Por eso, aprovecho mi última columna del año, para exaltar que “las fiestas” genéricamente en torno a la natividad del Cristo, evocan para sus creyentes, un sacrificio amoroso por la humanidad. La filosofía cristiana (sin filias ni fobias religiosas) invita a vivir amando a Dios (sea cual sea en el que creas) y al semejante, procurando nuestras acciones en la fe, el arrepentimiento y las buenas obras.

Concluyo deseando –desde el enfoque más filosófico y humanista- amémonos más, pensemos afectuosamente, en quién tenemos enfrente y su contexto antes de actuar. México, lo está experimentando hace más de un lustro; nuestras familias, nosotr@s mism@s, lo merecemos.

Tengamos y hagamos un mejor y próspero 2026.

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