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7 años después: el Pueblo sigue apostando por la Transformación

PP Sofia H

El pasado domingo, la Presidenta Claudia Sheinbaum convocó a un mitin para conmemorar los siete años del inicio de la transformación de la vida pública del país. La fecha no es menor, fue el 1 de diciembre de 2018 cuando Andrés Manuel López Obrador asumió la Presidencia con el compromiso de desmontar el modelo neoliberal que había regido durante décadas y reemplazarlo por un proyecto de justicia social centrado en los sectores históricamente excluidos. “Primero los pobres” dejó de ser un lema de campaña para convertirse en el corazón de un nuevo rumbo político y económico.

En este contexto, Sheinbaum, que se ha definido a sí misma como la responsable de construir el “segundo piso” de la transformación, reunió a 600 mil simpatizantes según el conteo oficial, en un momento clave. Y es que el mitin no sólo celebró un aniversario también envió mensajes claros en un ambiente político enrarecido por intentos de desestabilización, fake news y la creciente desesperación de una oposición que no encuentra narrativa ni liderazgo.

Los acontecimientos del 15 de noviembre son un ejemplo de ello. Lo que supuestamente se presentó como una manifestación de jóvenes de la llamada generación Z, terminó por desmontarse y exponer la participación de actores políticos opositores detrás de la operación. Se ha ido revelando sobre la participación de funcionarios y liderazgos de las alcaldías Cuauhtémoc y Miguel Hidalgo para movilizar a personas a la mala. También, con el avance de las investigaciones, salieron a la luz señalamientos de que el PRI habría financiado a grupos de choque, pagando más de diez mil pesos a cada participante para provocar actos violentos que dejaron más de cien policías heridos, entre ellos una mujer que continúa hospitalizada por una fractura de cráneo. Este episodio no sólo evidenció una estrategia agresiva, sino que reveló la intención de ciertos sectores de fabricar escenarios de caos para obtener ventaja política.

Lo anterior hace sentido con las declaraciones del dirigente nacional del PAN, Jorge Romero, quien, en un momento de inusual franqueza, dejó entrever que la oposición se encuentra sin alternativas reales, insinuando que la violencia podría ser el único camino que les queda. Frente a este panorama, el mitin de Sheinbaum adquirió un nuevo significado: no se trató únicamente de reafirmar la continuidad del proyecto, sino de responder políticamente a quienes apuestan por la desestabilización.

La Presidenta llega a este momento con niveles de aprobación superiores al 70%, un dato contundente que refleja no sólo la confianza en su liderazgo, sino también la vigencia del proyecto transformador. Ese respaldo popular fue visible en la asistencia masiva al mitin, que confirmó que la base social de la Cuarta Transformación no sólo sigue ahí, sino que permanece organizada, politizada y consciente de la batalla narrativa que se libra en el país.

Pero más allá de la disputa política, el evento del domingo sirvió para subrayar los avances que durante siete años han modificado la vida cotidiana de millones de personas. La reducción de la pobreza en 13.5 millones de habitantes es uno de los logros más significativos, especialmente en un periodo marcado por crisis globales. El aumento real del salario mínimo —que hoy multiplica lo que era hace una década—, la ampliación de las vacaciones dignas, la expansión de programas sociales que benefician a más de dos millones de hogares y las reformas laborales que colocan a México a la vanguardia en América Latina son avances que difícilmente podrían atribuirse a otro proyecto político.

La discusión sobre la reducción de la jornada laboral a 40 horas semanales es otro ejemplo de cómo la agenda de derechos laborales vuelve a ocupar un lugar central en la política mexicana. Esta medida, resistida durante décadas por gobiernos que privilegiaban intereses empresariales, hoy se debate con seriedad porque existe una visión distinta del bienestar y del desarrollo.

Frente a esta serie de acciones, el llamado de Sheinbaum fue claro: defender la continuidad de un proyecto que ha demostrado que es posible cambiar al país desde la vía pacífica, democrática y profundamente social. La transformación no ha estado exenta de resistencias ni de errores, pero ha logrado algo que parecía imposible, redistribuir poder, recursos y oportunidades en favor de las mayorías.

En tiempos donde algunos insisten en sembrar miedo o recurrir a la violencia para recuperar privilegios, el Pueblo de México ha demostrado que la fuerza más poderosa sigue siendo la de la organización y la conciencia. Siete años después, la transformación no sólo sigue viva ha madurado, se ha fortalecido y enfrenta el futuro con la legitimidad que da el respaldo popular y los resultados tangibles.

 

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