El Soberano

Diario digital independiente que expresa y escucha la voluntad del Pueblo. Información | Debate | Análisis #LaVerdadTieneTrinchera


Cuando el ruido pretende ser mayoría

El Mundial terminó nos dejó una imagen sencilla para comprender la vida pública. En el futbol, el marcador establece una realidad compartida. La tribuna acompaña, celebra, presiona y llena el estadio con su voz. Su intensidad forma parte del espectáculo, mientras el resultado conserva su propia medida.

La presencia de la Presidenta Claudia Sheinbaum en el cierre de la competencia colocó nuevamente a México en la escena internacional. También ofreció una imagen útil para pensar la política contemporánea. Una cosa es la fuerza que una posición tiene en la sociedad y otra el volumen que alcanza dentro de la conversación pública.

Una postura puede dominar las redes sociales, producir polémicas sucesivas y ocupar horas de comentarios sin representar a la mayoría. La repetición crea familiaridad. La velocidad genera una sensación de consenso. La acumulación de mensajes hace que una opinión parezca más extendida de lo que realmente está. Así comienza a construirse un empate artificial.

Las mediciones de aprobación presidencial cercanas a siete de cada diez personas describen una mayoría amplia. También existe una oposición activa, organizada y con plena capacidad para participar en la vida democrática. La relación entre ambas fuerzas expresa pluralidad y competencia, aunque sus dimensiones sociales sean diferentes.

Una conversación intensa puede proyectar la imagen de dos bloques equivalentes. El volumen ocupa entonces el lugar de la representación. La intensidad se confunde con la extensión. La existencia de posiciones enfrentadas se presenta como una prueba de que el país está dividido en dos mitades. La infodemia fortalece esa percepción.

El término surgió para describir una sobreabundancia de información en la que conviven hechos comprobados, rumores, interpretaciones, noticias falsas y contenidos engañosos. La saturación dificulta la comprensión de la realidad y vuelve más compleja la identificación de fuentes confiables.

En la política, la infodemia puede funcionar como un ataque estructurado contra la percepción pública. Participan plataformas digitales, medios de comunicación, cuentas de gran alcance, con mucho dinero invertido en vocerías, imágenes, videos, titulares y comunidades dispuestas a reproducir mensajes.

Cada elemento cumple una función. Su articulación permite que una narrativa alcance una presencia desproporcionada. Una afirmación puede ser creada por un actor, amplificada por otro, convertida en noticia y reproducida después por miles de personas. La coordinación también puede surgir de intereses compartidos, incentivos económicos y mecanismos tecnológicos que favorecen los contenidos más emocionales.

La desinformación utiliza noticias falsas, medias verdades, videos recortados, fotografías fuera de contexto y opiniones presentadas como información comprobada. Su fuerza depende tanto de cada contenido como de su acumulación. Una publicación aislada tiene un alcance limitado. Miles de mensajes repetidos pueden instalar una interpretación completa de la realidad. La audiencia termina enfrentando versiones sucesivas y dedica buena parte de su atención a decidir qué creer.

La saturación también permite colocar una premisa antes de que comience la discusión. Cuando se repite constantemente que el país está dividido, el debate empieza a desarrollarse dentro de esa representación. La conversación deja de medir el tamaño de las fuerzas y comienza a explicar una división que ya fue presentada como un hecho.

El análisis político gana precisión cuando distingue las conexiones relevantes. La inconformidad ciudadana, la estrategia partidista, los intereses económicos de las plataformas y las campañas de desinformación tienen dinámicas propias. En determinados momentos se encuentran, se refuerzan y producen efectos comunes.

La infodemia aprovecha esas conexiones para fabricar una mayoría aparente. Su propósito consiste en convertir presencia comunicativa en fuerza social. De esta forma, una minoría muy activa puede proyectarse como la mitad del país.

La democracia reconoce el valor de las mayorías y garantiza la participación de las minorías. La oposición puede ampliar su respaldo mediante propuestas, organización territorial, liderazgos y capacidad para representar demandas sociales. Esa ruta convierte una posición política en una alternativa con posibilidades reales de convencer a más personas.

La fabricación del empate sigue una lógica distinta. Busca que el ruido sustituya al respaldo ciudadano y que la visibilidad produzca una apariencia de equivalencia.

El cierre del Mundial ofrece una oportunidad para recuperar la medida de las cosas. La tribuna expresa la pasión de quienes participan. El marcador permite conocer el resultado.

En la política ocurre algo semejante. Las redes sociales muestran una parte de la realidad. Las encuestas, las elecciones, la participación social y la presencia territorial muestran otras. Cada fuente aporta información y adquiere sentido dentro de sus propios alcances.

México vive hoy una conversación pública intensa, una mayoría política amplia, que cree en el proyecto de la transformación de la vida pública, así como una una oposición activa y una infodemia que busca alterar las proporciones. Reconocer cada una de estas realidades permite comprender mejor el momento nacional y responder a la desinformación con datos, contexto y pensamiento crítico.

Cuando el ruido pretende ser mayoría, la responsabilidad del análisis consiste en volver a mirar el marcador.


Sobre el autor




Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *