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Democratizar los equipos: ¿con quiénes se gobierna?

postal PP horizontal Carlos Rea

El 2026 será un año de definiciones. Las y los aspirantes a la gubernatura desprenden campañas de promoción de imagen y tejen alianzas estratégicas para posicionarse en las encuestas. El reconocimiento a toda costa es banalidad, las ideas quedan en segundo término.

La consigna de decenas de representantes populares en los estados de la república, donde no han sido electas titulares del poder ejecutivo, es la misma que impulsó a la presidenta: es tiempo de mujeres. La narrativa tiene sentido porque es una reivindicación histórica. Sin embargo, en el marco del segundo piso de la transformación, la coyuntura debe ir más allá, aprovechar el momento histórico de renovación política generacional.

Bien vale la pena retomar las palabras del escritor Carlos Fuentes cuando cuestionaba en el año 2012, no solo a los aspirantes a la presidencia de la República, sino a quienes iban a integrar sus respectivos gabinetes. El voto no puede ser a un solo perfil, sino al equipo.

El autor de La Silla del Águila menciona que es importante distinguir entre los problemas públicos y los problemas de los partidos políticos. Para tener un diagnóstico certero y desplegar estrategias efectivas habría que rodearse de las mejores mentes del país, como Juan Ramón de la Fuente o Marcelo Ebrard. Ambos funcionarios integran el actual gabinete de la presidenta Sheinbaum.

Hoy más que nunca la transparencia y la rendición de cuentas son indispensables para la democracia representativa y participativa. Valdría la pena que también se estableciera, en el marco de la reforma política, la obligatoriedad para conocer con quiénes planea gobernar el o la aspirante que obtenga la candidatura.

Esta idea tiene como objetivo fortalecer la toma de decisiones del electorado, ya que con el modelo actual solo se conoce a los de la papeleta y se cree, equivocada e ingenuamente, que quienes más arengan nombres o archivan fotografías son los ungidos para responsabilidades de estado.

La democratización de los equipos que aspiran a gobernar debe ser también una práctica política, un mecanismo que someta a la voluntad popular y a la opinión pública los perfiles que acompañarán el inicio de un gobierno. Además, permitirán que se anticipe el diseño y operación de las prioridades de la agenda.

El argumento es similar al debate de las diputaciones plurinominales. ¿Quién los elige? ¿A qué compromisos responde? ¿La decisión representa un acuerdo político de élites o se sustenta en la agenda? ¿Por qué no hay una discusión antes de la toma de decisiones?

Los partidos de la transformación tienen una oportunidad de innovar en sus procesos internos. Reglas claras, eficacia garantizada. Con este planteamiento, más de algún o alguna aspirante la pensará dos veces antes de aliarse a personajes siniestros, ineptos o corruptos de la vieja política. Estos son los primeros en aprovechar los vacíos y los que más se adaptan a los tiempos de cambio. ¡Aguas!

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