Hace más de 25 años, asistí por primera vez a una asamblea del movimiento estudiantil, en el marco de la lucha contra la imposición de cuotas que, en los hechos, privatizaban a la UNAM.
Todavía siendo un joven estudiante de bachillerato viví por primera vez el ejercicio de discusión de las ideas y los proyectos; al concluir, se decidían, entre todas y todos los asistentes acuerdos propios de la lucha que en aquel tiempo impulsábamos. Acuerdos a los que se llegaba después de que quienes estábamos ahí participábamos sin discriminación ni sesgo. Por primera vez entendí que la democracia es la decisión de las mayorías y que la dirección de los movimientos se ejerce obedeciendo a todas y todos.
Hoy este principio está más vivo que nunca. En el marco del Día Internacional de la Democracia celebramos que el Pueblo de nuestro país ejerce y hace viva la vida democrática en todos y cada uno de los sectores de la vida pública. Este principio se ha encarnado en la fuerza pacífica que transforma a nuestra nación.
Con la llegada de la Cuarta Transformación podemos asegurar que, por primera vez, somos realmente un Pueblo soberano. Nuestra historia reciente demuestra que la voluntad popular puede enfrentar sistemas que parecían imbatibles. Desde el desafuero de Andrés Manuel López Obrador en 2005, la defensa del voto tras el fraude electoral de 2006 y el rechazo a la compra de conciencias en 2012, nuestro movimiento se forjó a través de la revolución de las conciencias, la organización popular y la certeza de que el cambio debía llegar por la vía de las urnas.
Así, en 2011, con este principio y con la clara convicción de que “solo el Pueblo puede salvar al Pueblo, y solo el Pueblo organizado puede salvar a la nación”, nace nuestro Partido-Movimiento, que se fortaleció en las calles, barrios, comunidades y ejidos al recoger los sentimientos de la gente.
En 2018, millones de mexicanas y mexicanos hicimos historia al respaldar de manera contundente a Andrés Manuel López Obrador, consolidando un triunfo democrático que abrió las puertas a la Cuarta Transformación de la vida pública de México, un cambio de régimen que hoy ha mandado al neoliberalismo y a sus personeros al basurero de la historia.
Durante ese primer sexenio se impulsaron mecanismos inéditos de democracia participativa, como la consulta sobre el aeropuerto, el juicio a expresidentes y la revocación de mandato. Cada uno de estos procesos marcó un paso firme en la construcción de un país donde la ciudadanía es protagonista de la vida pública. Nuestro país se convirtió en referente democrático de la región.
En 2024 se ratificó esa confianza. El triunfo de la Presidenta Claudia Sheinbaum, con 35 millones 924 mil 519 votos —equivalentes al 59.76 % de la votación total—, expresó el respaldo mayoritario a un proyecto de nación cercano a la gente, que escucha y gobierna con amor y justicia social, fortaleciendo la legitimidad del movimiento de transformación.
El Plan C, impulsado por el licenciado Andrés Manuel López Obrador y al que dio continuidad la doctora Claudia Sheinbaum Pardo, incluye –entre varias reformas constitucionales– la Reforma al Poder Judicial, que permitió por primera vez en la historia de México la elección de juezas, jueces, magistradas, magistrados, ministras y ministros de la Suprema Corte por voto popular.
Esta iniciativa ha sido un parteaguas en la consolidación del Estado de derecho, el fortalecimiento de la justicia social en México y, especialmente, en la promoción de la participación ciudadana y la democracia participativa.
Gracias a esta reforma, ratificada por millones de mexicanas y mexicanos el 1 de junio de 2024, el Pueblo llegó a los tres poderes, haciendo valer el Artículo 39 de nuestra Constitución, que señala: “La soberanía nacional reside esencial y originariamente en el Pueblo”. Con ello, México se posiciona como uno de los países más democráticos del mundo.
Aún con estos grandes logros, sabemos que todo sistema democrático es perfectible y que su fortaleza radica en el respeto a la voluntad popular. Pero también es verdad que, cuando las y los dirigentes provienen del Pueblo y conocen sus necesidades, se gobierna con honestidad, responsabilidad, sensibilidad y compromiso.
Vivimos tiempos históricos, y mientras permanezcamos unidos como Pueblo, la democracia estará a salvo.



