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El desafío de las encuestas en Latinoamérica, Bolivia sorprende de nuevo

postal PP horizontal Carlos Sánchez Nieto

Vaya giro de guion nos ha regalado Bolivia, una vez más, las encuestas se han llevado un buen revolcón, demostrando que en política, y más aún en Latinoamérica, la única verdad es la que sale de la urna. La segunda vuelta presidencial dió como ganador a Rodrigo Paz Pereira como el nuevo presidente del país altiplánico, en una elección que ha roto todos los pronósticos y ha dejado a más de uno con la boca abierta.

El 19 de octubre de 2025 será una fecha marcada en la historia boliviana. Contra todo lo que vaticinaban los sondeos, y con un contundente 54.59% de los votos, Paz, el candidato del Partido Demócrata Cristiano (PDC), se alzó con la victoria sobre el expresidente conservador Jorge ‘Tuto’ Quiroga.

El ‘fantasma’ de la primera vuelta

Para entender esta hazaña, hay que remontarse al inicio. En la primera vuelta, Paz Pereira era poco menos que un convidado para muchos analistas y, sobre todo, para las encuestas. Su nombre sonaba, sí, pero siempre en la tercera o cuarta posición, muy lejos de los titanes que supuestamente se disputarían el balotaje: Samuel Doria Medina y Jorge Quiroga.

Hijo del expresidente Jaime Paz Zamora, exalcalde de Tarija y economista de profesión, con 57 años y nacido en España durante el exilio de sus padres, Rodrigo Paz era la carta inesperada. Los sondeos de julio y agosto daban por hecho que el duelo final sería entre Doria Medina y Quiroga. La encuesta que más le daba a Paz en esa etapa previa, apenas lo ubicaba en un 9.10%.

Pero todos se llevaron una sorpresa el 17 de agosto, Paz no solo superó el 20% que se disputaban los favoritos, sino que logró un 32.6% de los votos, asegurando el primer lugar y su pase a la inédita segunda vuelta, la primera en la historia de Bolivia bajo la Constitución de 2009. Quiroga, con el 26.70%, tuvo que conformarse con el segundo puesto. El «tapado» se había convertido en la revelación electoral.

El desafío del balotaje: otro error de pronóstico

Si el error en la primera vuelta fue notable, en la segunda fue monumental. Con la lección fresca, se podría pensar que las encuestas afinarían el tiro, pero no fue así. Para el balotaje, todos los sondeos seguían dándole la ventaja al exmandatario Quiroga.

La última encuesta difundida a días de la elección le daba a Quiroga una ventaja considerable: 44.9% contra el 36.5% de Paz. Los medios de comunicación, en lo que algunos observadores señalaron como un claro sesgo, posicionaron a Quiroga como el «candidato ganador», creando un ambiente de virtual victoria anticipada.

Sin embargo, varios factores jugaron en contra de Quiroga y a favor de Paz en la recta final:

La campaña de Quiroga: su acercamiento visible a posturas y simbología del Partido Republicano de Estados Unidos pareció generar un rechazo en una parte de la población boliviana.

El efecto «Voto Silencioso»: la evidente desconfianza en las encuestas, exacerbada por la sorpresa de la primera vuelta, pudo haber generado un «voto oculto» o de último momento a favor de Paz. El propio candidato del PDC había puesto en duda la efectividad de los sondeos.

El factor Edman Lara: el compañero de fórmula de Paz, el excapitán de policía Edman Lara, jugó un rol importante. Popular en redes sociales por sus denuncias de corrupción policial, inyectó una dosis de «aire fresco» y de lucha contra los vicios institucionales al binomio.

Un triunfo de la centroderecha inesperada

La jornada electoral del 19 de octubre del 2025 no hizo más que confirmar la tendencia antisistema que ya se venía gestando. El pueblo boliviano, en lo que será recordado como un giro de timón hacia la centroderecha, eligió a Rodrigo Paz Pereira.

Con un rotundo 54.59%, el candidato del PDC no solo venció, sino que lo hizo con una diferencia clara. Su victoria marca la primera vez que un presidente es elegido en segunda vuelta en el país, consolidando un nuevo mecanismo democrático y, al mismo tiempo, lanzando una seria advertencia sobre la fiabilidad de las herramientas tradicionales de medición de la opinión pública.

Bolivia ha hablado. El pueblo ha elegido, apostando por un gobierno que ahora tendrá la responsabilidad de avanzar sin retroceder en las conquistas sociales y con una promesa de paz y progreso. Las encuestas, por su parte, tendrán que volver a la mesa de diseño para descifrar por qué, en este país, el electorado ha decidido, una y otra vez, ser la gran sorpresa.

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