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El futuro del movimiento exige reflexión

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Por: Pablo Quiroga Adame

Los recientes movimientos en el Ejecutivo Federal, más allá de la autonomía de la Fiscalía General de la República, podrían marcar el inicio de una nueva fase en el proceso de transformación que inició en 2018, una etapa marcada por la revisión a profundidad y con serenidad de los perfiles que seguirán acompañando este proceso que promete una revolución histórica, la cual coloca a la pobreza en el centro de la agenda a partir de tres principios básicos, no mentir, no robar y no traicionar.

Como señaló hace unos meses Sabina Berman, “en 2017, la izquierda por fin tiene un candidato desde Lázaro Cárdenas que puede ganar la presidencia […] que propone, abramos las puertas, que se suba, el que se quiera subir […], y se suben burros, vacas, borregos, víboras y mucha buena gente”. Una estrategia completamente entendible, después de una ampliamente documentada elección fraudulenta en 2006 y de una segunda contienda seis años después, en la que los poderes fácticos operaron con fuerza en favor de un candidato que prometía la segunda oleada de reformas en favor de perversos intereses económicos.

El temor de la derrota llevó entonces a construir una coalición tan extensa que incorporó perfiles diversos: algunos provenientes de la izquierda histórica, otros con trayectorias más distantes de ese ideario, para garantizar gobernabilidad y viabilidad al cambio de régimen. No obstante, la realidad al inicio del octavo año de la Cuarta Transformación dista diametralmente de la de 2017.

Morena ha demostrado que, en un país condenado por el Consenso de Washington, es posible construir una realidad más justa y equitativa. Asimismo, contamos con la mandataria más popular desde que iniciamos nuestro camino hacia la democracia, lo que le otorga una legitimidad sin precedentes para conducir el destino del país.

En México, las amenazas internas -más allá de aspectos como la seguridad o la aún persistente interferencia del poder económico en las decisiones de gobierno- son escasas, frente a una oposición diezmada que continúa sin articular un programa coherente y que despierte pasiones entre las y los votantes. Entonces, surge una pregunta inevitable ¿Por qué mantener en posiciones estratégicas a perfiles que, si bien fueron útiles en momentos de transición y gobernabilidad, hoy pueden representar un riesgo para la proyección futura del movimiento?

Es comprensible que a lo largo del sexenio pasado, militantes y simpatizantes asumimos con disciplina la necesidad de moderar la crítica interna para no entorpecer la consolidación de un proyecto que nacía, frente a las constantes críticas y amenazas de los distintos poderes que existen en nuestro país -desde el económico, hasta el militar y religioso- pero, dado que las condiciones son distintas, vale la pena hacer un ejercicio que nos permita discernir entre quiénes están realmente convencidos de que el poder es virtud cuando es usado para beneficio del pueblo, como declaró López Obrador en su toma de posición, y quienes permanecen en este barco a partir de intereses personalísimos que empañan el avance de un gobierno que ha devuelto esperanza a millones.

La crítica debe asumirse como herramienta indispensable y reflexiva sobre cuáles son los mejores perfiles para continuar actuando bajo el principio que ha guiado a este proyecto: por el bien de México, primero los pobres.

El electorado mexicano, por lo menos desde las elecciones de 2016, marcadas por la alternancia, ha demostrado una mayor exigencia respecto a quién representa mejor sus intereses y expectativas. Frente a un movimiento tan potente como el que gobierna actualmente nuestro país y más de la mitad de las gobernaturas, ¿Podría ser válido aplicar otros criterios más allá del conocimiento de nombre para la selección de perfiles?

Frente a un segundo piso de la Cuarta Transformación, que promete una clara tecnificación del aparato gubernamental, sin abandonar los ideales de izquierda, ¿Será necesario una reflexión sobre quienes realmente sí están alineados a los objetivos y propósitos de esta administración?

Son preguntas que vale la pena hacernos ante uno de los procesos electorales más grandes de la historia de nuestro país en 2027 y la aún lejana, pero cada vez más cercana, elección presidencial de 2030, donde Morena se enfrentará al obligatorio balance de 12 años de gobierno, en los que en un país como el nuestro, pueden suceder un sinfín de eventos desafortunados que requieren de los mejores perfiles para enfrentarlos y permitir que éstos no se traduzcan en un deterioro prolongado de las condiciones de vida de la población o en un retroceso en indicadores fundamentales como la reducción de la pobreza y la desigualdad.


@PabloQUA
Comunicólogo enfocado en mercadotecnia y políticas públicas. Economista en formación. En mis ratos libres me leo, reflexiono y toco el piano. Comencé esta aventura entre la política estudiantil y los Derechos Humanos en Nuevo León. Lo mío es la construcción de una mejor realidad para el beneficio colectivo.

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