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El T-MEC: un cambio inevitable del que México puede salir fortalecido

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Por: Héctor Ochoa Moreno

A nadie le cabe duda de que la próxima revisión del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC), programada formalmente para julio de este año, marcará un punto de inflexión para el futuro de la economía mexicana y su inserción estratégica en la economía global.

Aun cuando estamos solo a unos cuantos meses de distancia de que este proceso ocurra, cada semana que transcurre parece sumergirse en una vorágine de posturas encontradas y señales ambiguas que, lejos de aportar certidumbre, alimentan hipótesis, escenarios y pronósticos sobre el futuro de este tratado comercial.

En este vaivén de declaraciones que oscilan entre augurios optimistas y giros en sentido contrario, la única certeza es que el T-MEC, tal como lo conocemos hoy, no será el mismo. Lejos de una lectura fatalista, esta afirmación responde a una lógica prevista desde su diseño, ya que este ejercicio de revisión fue concebido desde el inicio del Tratado como un mecanismo destinado a evitar su obsolescencia y a asegurar su adaptación a un entorno global en constante transformación.

Si bien cada nación buscará asumir una postura que le resulte favorable en esta revisión, lo que podría traducirse en posiciones encontradas, lo cierto es que hasta ahora los tres países han cumplido en tiempo y forma con las etapas previstas, particularmente en lo relativo a las consultas sectoriales. Ello confirma la relevancia que el acuerdo sigue teniendo para las tres economías y evidencia un interés compartido por atender los compromisos asumidos en el marco del T-MEC, más allá de posturas unilaterales o coyunturales.

Al margen de la discusión técnica, el proceso de consultas ha puesto de relieve la relevancia del Tratado para los principales sectores productivos de Estados Unidos. Como ha señalado la presidenta Claudia Sheinbaum, son las propias empresas estadounidenses con inversiones en México las primeras interesadas en preservarlo. Esta afirmación no es menor, ya que bajo el amparo del T-MEC se sostienen más de 13 millones de empleos en ese país, aunado a que México y Canadá son hoy los principales destinos de exportación para miles de pequeñas y medianas empresas estadounidenses.

En ese sentido, el peso de esta realidad económica y el interés del sector empresarial serán factores determinantes en la interlocución de las firmas estadounidenses en este momento clave de la negociación. De ahí que, frente a este escenario, la discusión sobre el Tratado no deba centrarse en su mera continuidad, sino en una pregunta más sustantiva: qué tipo de T- MEC le conviene a México y bajo qué condiciones puede convertirse en una palanca efectiva de desarrollo, competitividad y certidumbre de largo plazo.

En ese contexto, resulta relevante lo señalado por el secretario de Comercio de Estados Unidos, Howard Lutnick, al afirmar que México cuenta hoy con “el mejor acuerdo comercial del mundo” con ese país, al destacar que solo alrededor del 15 % de sus exportaciones están sujetas a aranceles, una condición que le otorga ventajas frente a otras economías y lo consolida como su principal socio comercial. Esta posición es resultado del diálogo constante y del trabajo sostenido de la Secretaría de Economía, encabezada por Marcelo Ebrard, una ventaja estratégica que México debe saber capitalizar.

Debe reconocerse que el camino por recorrer no estará exento de tensiones. Sin embargo, si el país logra convertir esta revisión en una oportunidad para fortalecer la certidumbre jurídica, garantizar los flujos comerciales y consolidar su papel en el mercado norteamericano, podrá reafirmarse como el eje competitivo de la manufactura en América del Norte, pues, más allá de los discursos que buscan minimizarlo, resulta innegable la profunda interrelación de las cadenas productivas con sus vecinos del norte y su elevada competitividad.


@hector_ochoa_m
Chihuahuense, Licenciado en Derecho por la Universidad Averivent de México, cuenta con diplomado en comunicación política por la Georgetown University y diplomado en marketing político por la George Washington University, actualmente está cursando el Máster en Administración y Gestión Pública en la Universidad de Castilla-La Mancha. Fue Defensor de Audiencia en el Canal del Congreso de la Unión del 2019 al 2020 y actualmente es Director General de la agenda 2030 en México y Coordinador del Corredor Económico de la frontera Norte. Es Consejero Estatal de Morena en el estado de Chihuahua desde 2022.

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