Las primeras impresiones de lo que aconteció en Venezuela sacudieron al mundo entero. Muchos países, incluyendo el nuestro, condenaron la narrativa beligerante y la incursión militar a Caracas. Fue, sin lugar a duda, un asalto al orden constitucional y un golpe para los propios venezolanos. La inmensa mayoría, en efecto, se comprobó mediante uno de los sistemas más sofisticados en el voto que Nicolás Maduro ganó la elección. Lo que pasó después, que sabíamos qué sucedería al no reconocer la derrota, fue el esquema propagandístico que armó María Corina Machado. Ella, que elevó la tensión al legitimar una irrupción, es la principal golpista cuando se exhibió con las declaraciones que realizó para generar, según ella, un ambiente restaurador que, al final de cuentas, fue cruel y lastimoso para quienes sufrieron los daños colaterales del fuego cruzado.
Más allá de eso, sigo teniendo mis dudas de qué fue realmente lo que pasó. Me resulta inverosímil creer que una sola operación bastó para capturar a Maduro. Alguien tuvo que facilitar información desde la estructura de gobierno local para sembrar indicios de traición. A estas alturas, que el asalto se implementó, solo queda orar por las familias y estrechar los lazos de amistad para que la paz reine. Entendidos los sucesos, así, sobra decir, será crucial los puentes, cooperación, pero sobre todo encontrar el equilibrio rápidamente ahora que hay un gobierno provisional que nombró el poder supremo. Legalmente, así está establecido en la constitución, Delcy Rodríguez será quien tenga el timón y la mayúscula responsabilidad de revertir este clima. Hablamos de una posición firme para salvaguardar lo más sagrado de un país que es su libertad, democracia y soberanía.
Sabemos que puntualmente los opositores de nuestro país han demandado al vecino país una intervención militar. A ellos, que los ha juzgado la historia por traición a la patria, los señalamos por ser capaces de todo. No les importa en lo más mínimo si se trata del propio orden constitucional. En innumerables ocasiones han acudido a instituciones estadounidenses a suplicar atención en virtud de la falta de credibilidad que tienen con la sociedad. Y la derecha, que va y difunde información y datos falsos, se muestra ante los ojos de todos como una expresión subyugada a los intereses internacionales, inclusive haciendo un papelón que difunden como la supuesta invitación de Ricardo Salinas a una cena con el presidente Trump. Todos supimos que, como tal, quedó atrapado en sus mentiras y sin ninguna convicción patriótica.
Del otro lado de la moneda, del legítimo, tenemos a una Presidenta que ha sabido conservar en lo más alto la investidura presidencial. Habla de cooperación, pero jamás esboza la palabra sumisión. Su profundo amor por México y sus convicciones firmes la han impulsado a salir y defender nuestra emancipación como República. El único aporte que será posible —queda claro— es el cruce de información de los órganos de inteligencia que, sin duda, hoy podemos decir que son eficientes en los cruces fronterizos en los que México ha redoblado la presencia de efectivos como parte de los acuerdos. De igual forma, se regularon los puentes diplomáticos y se abrieron nuevos canales para que los productos mantengan un flujo preponderante. Lo que es eso, de todo un abanico de posibilidades, fue únicamente el diálogo que ha sido el instrumento más infalible al que optamos siempre, principalmente aquellos que se encargan de negociaciones al más alto nivel, como el caso del canciller Juan Ramón de la Fuente, que entrará en escena luego de una pausa por motivos de salud.
Durante ese periodo la prensa conservadora especuló mucho acerca de la permanencia de Juan Ramón de la Fuente. Siempre supimos que su ausencia estaba justificada. Es verdad, la duración de cualquier funcionario o secretario de estado se rige por la efectividad, rendición de cuentas y la transparencia con la que se maneja. La relación de Sheinbaum con el canciller, que va más allá de una añeja amistad, podemos verla por la madurez que ha ido aportando para abrir más fronteras diplomáticas con otras naciones. Juan Ramón, a propósito de ello, se mueve por un terreno que conoce a la perfección. Él, tiempo atrás, fungió como vicepresidente de la Asamblea Mundial de Salud ante la ONU. De ese modo, encabezará una comisión que dará seguimiento luego de la charla que sostuvo Claudia Sheinbaum con Donald Trump el lunes en el post de la mañanera. El resultado de ello, que será de mutuo quehacer, es mantener la labor para preservar la colaboración. Eso fue acordado dándole la importancia y, por supuesto, destacando el fortalecimiento al tema de seguridad.
Naturalmente que la inmensa mayoría, en los alrededores del país, apoyamos la posición de la Presidenta. Lo que reprobamos, desde luego, son las actitudes subyugantes que tienen los personajes del PRIAN. Aquí no se trata de partidos ni militancias, sino de la misma soberanía a la que debemos defender por principio constitucional. Algunos personajes que seguirán intentando dañar la imagen de la Presidenta, queda claro, radican en la semblanza de Ricardo Salinas Pliego. Qué miserables declaraciones y que grado de cinismo al que ha escalado, sobre todo su medio de comunicación que continúa anunciando maquinaciones y fabricaciones que, a rajatabla, promueven desde la televisión. Siendo así, aplaudo la iniciativa que ofreció el gobierno de Puebla. Y sí, el Detector de Mentiras puso al descubierto el entramado de difamaciones y calumnias a la que son capaces de llegar TV Azteca.
En concreto, reconocemos la labor de la Presidenta constitucional y su profesionalismo, lo mismo que el trabajo arduo que, en definitiva, sabrá llevar a cabo Juan Ramón de la Fuente para fortalecer la amistad con uno de nuestros principales socios comerciales.



