El miércoles 14 de enero, en la conferencia mañanera del Pueblo, la Presidenta Sheinbaum habló sobre el petróleo enviado por México a Cuba y fue cuestionada sobre el impacto en la relación con EE. UU. de que México se convierta en el principal proveedor de petróleo para los cubanos.
Ella explicó puntualmente que México es un país soberano y toma sus decisiones. En segundo lugar, mencionó que en las discrepancias —vamos a ponerlo así— entre Estados Unidos y Cuba, nuestro país está en la mejor disposición de ser un vehículo para generar un diálogo. Para que ese escenario se dé, reflexionó, ambas naciones deben estar de acuerdo.
Nosotros creemos que quien debe decidir el destino de los cubanos son los cubanos; porque esa es nuestra constitución; es la soberanía de los pueblos, y actuamos dentro de ese marco.
Recordemos que el martes 13, el periódico Reforma publicó como nota de ocho columnas “Mantienen misterio de petróleo a Cuba”, y destacó las declaraciones del secretario de Energía de EE. UU., Chris Wrigt quien dijo que la administración de Donald Trump no interferirá, por ahora, con la política del gobierno de la Presidenta Claudia Sheinbaum de enviar petróleo crudo y combustibles a Cuba.
Un vocero del PAN y de la oposición, Ricardo Anaya, fustigó: ¿Quién decidió regalar el petróleo de México a una dictadura? No hay cifras, no hay contratos y no hay transparencia. Lo único claro es que se ayuda a la cúpula de la dictadura cubana y se pone en riesgo la economía mexicana.
Ante tales afirmaciones, es prudente preguntarnos lo siguiente: ¿el petróleo de México es un acto de soberanía compartida y o un acto de caridad (para un país que nunca se ha asumido ser perfecto ni infalible)?.
Ante todo lo anterior, nos queda preguntarnos lo siguiente: con la caída de Nicolas Maduro, ¿se intenta asfixiar a Cuba, para luego señalar y exaltar el ahogo como prueba del fracaso del modelo o del sistema social cubano?
Por sesenta años —que se dicen fácil—Cuba ha enfrentado y vivido económico, financiero y energético impuesto por el imperio estadounidense y que se ha recrudecido en la nueva administración del gobierno del vecino país del norte.
Otra pregunta válida es: si Estados Unidos corta el petróleo que la república de Venezuela enviaba a Cuba, y si México por la presión del gobierno norteamericano llegara suspender el envío de petróleo, ¿Cuba caerá sola?
Y ante esta problemática surge la postura de México, donde podría ser intermediario. Por ello, el paso siguiente es que las dos naciones y sus presidentes aceptaran que su homóloga, Claudia Sheinbaum Pardo, fuera oficialmente la mediadora, lo cual podría llevar al final de un cerco y bloqueo que ha durado más de medio siglo en contra de un país, una isla, que no se asume perfecta ni infalible…



