En el mundo del trabajo, miles de personas obreras estamos de fiesta tras los anuncios que realizó la Presidenta el 3 de diciembre en la Mañanera del Pueblo sobre la semana laboral de las 40 horas y el aumento al salario mínimo, dos iniciativas que han sido elaboradas mediante consenso y recogiendo las voces de todos los sectores, permitiendo así materializar las principales demandas de la clase trabajadora.
De manera especial, quisiera profundizar en el tema del salario mínimo, una medida clave de la Transformación que ha traído grandes beneficios a la base de la pirámide. Este nuevo ajuste fue definido a partir de los modelos económicos de la Secretaría de Hacienda, orientados a preservar la estabilidad, contener la inflación y promover un crecimiento económico con bienestar.
A partir del 1º de enero de 2026, el salario mínimo en México aumentará 12%, alcanzando 312.25 pesos diarios (9 mil 367 pesos mensuales) en la zona general y 470.46 pesos diarios (14 mil 113 pesos mensuales) en la frontera norte.
Este aumento, calculado por la CONASAMI con base en distintos factores como la inflación, el costo de la canasta básica y la reducción de brechas regionales, forma parte de los 100 Compromisos para el Segundo Piso de la Cuarta Transformación de la Presidenta Sheinbaum. De esta forma, en 2030, el salario mínimo deberá cubrir 2.5 canastas básicas. Además, este año aprobamos una reforma al artículo 123 constitucional que obliga a que los incrementos estén siempre por encima de la inflación.
El impacto directo alcanzará a más de seis millones de personas trabajadoras formales, especialmente en sectores vulnerables como el comercio, la agricultura y los servicios. Este incremento busca fortalecer su poder adquisitivo y permitirles satisfacer de manera más digna necesidades como alimentación, vivienda, educación y salud. También impulsará la economía mediante el consumo interno y contribuirá a elevar el salario promedio nacional, incentivando la formalización laboral. Desde el Poder Legislativo, federal y de cada entidad, trabajamos para acompañar este proceso con incentivos tanto para personas empleadas como empleadoras.
En términos macroeconómicos, el aumento al salario impulsa la actividad económica mediante un efecto multiplicador: más ingreso en los hogares significa mayor circulación de recursos y, por ende, más dinamismo productivo. Las empresas de bienes de consumo básico serán de las primeras en reflejar este impulso. Asimismo, se incentiva la productividad y la formalidad, ya que las empresas podrán invertir en capacitación y tecnología para responder al mayor costo laboral. Resulta importante recordar que durante la oscura noche neoliberal el salario mínimo perdió valor real; los incrementos de la 4T han sido determinantes para recuperar su poder de compra y garantizar una vida más digna para el Pueblo.
Hoy la discusión ya no es si debe aumentar o no el salario, sino cuánto, cómo y con qué medidas complementarias se garantiza que el bienestar llegue a todas y todos.
La evidencia reciente demuestra que los incrementos han mejorado los ingresos de quienes menos ganan sin provocar los efectos inflacionarios que algunos anunciaban, convirtiéndose en uno de los factores más relevantes para que más de 13 millones de personas dejaran atrás la pobreza. Así, el aumento al salario mínimo es una herramienta para distribuir mejor la riqueza y materializar el Humanismo Mexicano.



