Ciudad de México a 9 diciembre, 2025, 23: 32 hora del centro.
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La fuerza del Pueblo y la defensa del rumbo

PP H Agustin

¿Por qué importa la movilización?

En México, la historia avanza cada vez que el pueblo decide ponerse de pie. No cuando las élites lo permiten, no cuando los viejos poderes fácticos lo negocian, sino cuando la ciudadanía —organizada, consciente y solidaria— reclama su papel en la vida pública. Esa ha sido la esencia de la Cuarta Transformación: sacar la política de los salones cerrados y devolverla a las plazas, las calles y las comunidades. Por eso, las movilizaciones populares en apoyo al proyecto de Morena y en defensa de la presidenta Claudia Sheinbaum no solo son legítimas: son necesarias.

La derecha quisiera que México regresara a los tiempos en que el poder se disputaba entre unos cuantos, mientras las mayorías eran tratadas como espectadoras. Hoy, el país vive un momento distinto. Por primera vez en décadas, las decisiones del gobierno federal responden a una lógica social, no empresarial; a una visión humanista, no mercantil; a una ética pública que privilegia a los más pobres, no a los más influyentes. Eso incomoda, eso altera privilegios, eso sacude estructuras muy profundas. Y la reacción es evidente: campañas de desprestigio, construcción de narrativas falsas, alarmismos fabricados y un intento permanente por desacreditar cada avance del gobierno.

Frente a ese escenario, la movilización del pueblo no es un acto de confrontación, sino un acto de defensa democrática. Cuando miles de personas salen a la calle para respaldar al gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum, lo que están diciendo es sencillo pero contundente: este proyecto es nuestro, lo hemos construido juntos y no permitiremos que nos lo arrebaten. Porque la 4T no nació de un escritorio ni de un pacto entre élites; nació de la lucha de millones que se cansaron de la corrupción, que enfrentaron décadas de desigualdad y que decidieron abrir un camino distinto.

Claudia Sheinbaum representa esa continuidad, esa madurez y esa profundización del cambio. Su gobierno ha demostrado que es posible mantener la estabilidad económica, fortalecer derechos sociales y al mismo tiempo avanzar hacia un país más justo. Pero como toda transformación, enfrenta resistencias. Los poderes que antes mandaban no renunciarán voluntariamente a su influencia, y por eso han emprendido una ofensiva política y mediática que intenta confundir, dividir y sembrar miedo.

La respuesta no puede ser el silencio. La respuesta es organización, solidaridad, participación. Es recordar que el mandato de la 4T no se ejerce únicamente desde Palacio Nacional, sino desde cada barrio, cada centro de trabajo, cada comunidad, cada familia que defiende la honestidad sobre la corrupción, la justicia sobre el abuso, la igualdad sobre el privilegio.

Movilizarse es también una forma de cuidar lo logrado: la recuperación del salario, la ampliación de programas sociales, el acceso universal a la educación pública, la construcción de infraestructura estratégica, y la consolidación de una política de seguridad que atiende causas, no solo consecuencias. Defender a la presidenta Sheinbaum es defender este horizonte, es afirmar que México no debe retroceder a un pasado de injusticias normalizadas.

La 4T siempre ha sido un movimiento, no una oficina. Y un movimiento vive mientras la gente lo sostiene. Por eso, hoy más que nunca, las calles siguen siendo un espacio de expresión democrática y un recordatorio de que el poder verdadero está abajo, en la ciudadanía organizada, no arriba en los intereses de siempre.

La movilización popular no divide: da voz, fortalece, protege. Es la señal clara de que México está despierto, y que el proyecto de transformación sigue en manos del pueblo que lo hizo posible.

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