Ciudad de México a 11 diciembre, 2025, 19: 18 hora del centro.
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La memoria contra la mentira

Valeria Torres-Horizontal

Cumplido el primer año de Claudia Sheinbaum como Presidenta de México, resulta inevitable hacer un balance, no sólo de los avances materiales y políticos de la Cuarta Transformación, sino de la batalla simbólica que acompaña cada paso. Porque si algo ha caracterizado a este país en las últimas décadas es que la disputa por el sentido de la historia se libra no sólo en las instituciones y en las calles, sino también en la memoria colectiva. Y es allí donde la derecha, huérfana de proyecto, se aferra a su estrategia más conocida: la mentira.

La oposición mexicana no se organiza en torno a un ideario, sino a un repertorio de calumnias. Fue así en 2006 con el eslogan infame de “un peligro para México”, construido con millones de pesos y amplificado en todos los medios de comunicación. Fue así también en 2012, cuando normalizaron la compra de votos como método electoral. Y fue así en 2018, cuando trataron de instalar la idea de que la llegada de López Obrador sería el preludio de la crisis, la fuga de capitales y el caos. La mentira siempre fue su única plataforma.

Hoy, a un año de la presidencia de Claudia Sheinbaum, la historia se repite: las voces de la derecha se dedican a inventar catástrofes y difundir rumores que se desmoronan frente a la realidad. ¿Crisis económica? El país crece por arriba del promedio regional y mantiene la inflación controlada. ¿Fuga de inversiones? México ha roto récords de inversión extranjera directa. ¿Descontento social? Los programas de bienestar llegan a más hogares que nunca, y la aprobación presidencial se mantiene en niveles históricos. La derecha fabrica su narrativa, pero el Pueblo tiene memoria.

La manipulación ya no siempre aparece como una mentira directa, sino como una duda sembrada con cuidado. Los grandes medios aprendieron a excusarse bajo la etiqueta de “ejercicio periodístico”: no afirman, preguntan. Titulares con signos de interrogación, sospechas que nunca confirman, debates donde la respuesta es evidente pero se fingen neutrales para sembrar desconfianza. “¿Está en riesgo la economía?”, “¿Se tambalea la gobernabilidad?”, “¿Habrá ruptura con Estados Unidos?”. Ellos saben la respuesta, pero su objetivo no es informar, sino inocular incertidumbre. Todo eso lo hacen a través de redes sociales y medios de comunicación, que amplifican la duda como si fuera debate legítimo. Pero el Pueblo ya no les cree: basta con entender que a las mayorías no se les convence en las redes sociales, sino casa por casa, corazón por corazón. Por eso López Obrador insistía en que para gobernar a México había que recorrerlo a profundidad, escuchar a su gente y entender sus dolores y esperanzas.

No es casualidad que las mismas élites que hoy repiten especulaciones sean las que se beneficiaron de los gobiernos anteriores. El PRIAN sobrevivió gracias a la manipulación: ocultaron fraudes electorales, maquillaron cifras de pobreza, callaron ante la violencia de Estado y convirtieron en espectáculo mediático lo que eran crímenes de lesa humanidad. Su historia está marcada por la simulación. Decían defender la democracia mientras ordenaban la represión en Atenco. Decían proteger la economía mientras entregaban los recursos energéticos. Decían fortalecer al Estado mientras lo endeudaban hasta niveles históricos. Sin mentira, no habría existido el régimen neoliberal mexicano.

Frente a esa tradición, la 4T ha construido algo mucho más poderoso: una memoria viva, un Pueblo consciente de su propia historia. Porque cuando se recuerda que en 2006 la guerra sucia mediática impidió el triunfo legítimo de López Obrador, se entiende mejor el presente. Cuando se recuerdan los gasolinazos, la condonación de impuestos a las grandes empresas, las privatizaciones, se reconoce la magnitud del cambio. Y cuando se recuerda cómo nos decían que era imposible financiar programas sociales sin endeudar al país, se dimensiona la fuerza de la transformación.

La memoria no sólo es recuerdo, es conciencia. Es el suelo sobre el cual se levanta la legitimidad del proyecto. Por eso, cuando la derecha inventa rumores de crisis o corrupción, la gente compara con el pasado inmediato. ¿Quién endeudó al país sin dejar beneficios? Ellos. ¿Quién construyó obras faraónicas sin sentido? Ellos. ¿Quién convirtió la violencia en política de Estado? Ellos. Por eso las mentiras actuales no logran arraigar.

El primer año de Sheinbaum no se mide en rumores, se mide en hechos: la consolidación de programas sociales como derecho constitucional; la expansión de IMSS-Bienestar; la inversión histórica en infraestructura y movilidad sustentable; la continuidad de la disciplina fiscal y la estabilidad macroeconómica; la política exterior firme y soberana que devuelve a México un papel de dignidad en el mundo. Todo ello no puede ser borrado por titulares alarmistas ni por campañas sucias. La mentira tropieza una y otra vez contra el muro de la realidad.

¿Qué ofrece hoy la derecha además de especulaciones? Nada. No tienen proyecto, ni liderazgo, ni visión de futuro. Su discurso se resume en un “todo está mal” que se repite sin pruebas ni propuestas. Son los mismos que antes callaban ante la corrupción y ahora inventan corrupción donde no existe. Los mismos que aplaudieron la represión y ahora gritan autoritarismo. Los mismos que avalaron fraudes y ahora hablan de democracia. La oposición es un espejo roto de su propia historia.

En cambio, el Pueblo mexicano carga consigo una memoria viva. Sabe que hubo un antes y un después de 2018. Sabe que hoy, por primera vez, los recursos llegan a todo el Pueblo, que las instituciones sirven a la gente y no a las élites, que la voz de México en el extranjero se escucha con respeto. Y sabe también que cada mentira lanzada desde la oposición es la confirmación de que la transformación avanza.

Por eso, en este primer aniversario de la Presidenta, lo más importante no es sólo celebrar resultados, sino reafirmar que la memoria popular es el verdadero antídoto contra la manipulación. La derecha apostará siempre a la mentira, a las dudas envenenadas, a los rumores que viajan rápido en las redes. Pero la Cuarta Transformación se sostiene en algo más hondo: la memoria del Pueblo, que no se compra ni se alquila, que no olvida ni se deja confundir.

Porque la memoria es raíz y es horizonte. Es la certeza de que el poder no está en los micrófonos de la élite, sino en la palabra que corre de casa en casa, de corazón en corazón. Y mientras la mentira flota como humo que se desvanece, la memoria se queda en la tierra fértil donde crece el futuro.

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